Comisario Jules Maigret

Jules Maigret ha sido el más popular y célebre policía de Francia y quizás de toda Europa.
Es difícil describir a este policía con tantas facetas cuya asimilación  ordenada y su capacidad excepcional para controlarlas le permitieron erigirse en tan importante personaje dentro de la literatura de Novela Negra.
La primera impresión que se lleva al conocerle es la inmensidad de su figura, enorme, (1,80 de altura, 100 kg. de peso) acompañado siempre de su abrigo, su sombrero hongo y sus inseparables juegos de pipas que están en sus bolsillos.. (fuma como respira y parece que sólo se aparta de ellas cuando duerme o se ducha)
Luego del saludo nos encontramos con un policía de la más alta jerarquía que por sobre todas las cosas, también es humano, un hombre corriente de la calle, simple y con profundos sentimientos cuya granítica figura jamás dejan trascender.
En toda Europa incluso en los EEUU se habla de sus técnicas, sus procedimientos y su alto grado de efectividad... algo que sorprende hasta al propio Maigret quien desconoce qué técnicas o procedimientos utiliza. Claro, las técnicas y procedimientos no son de ningún manual. Son él mismo. Son sus instintos, sus ideas, sus presentimientos... ningún manual como puede apreciarse.
Sólo quienes le conocen profundamente pueden notar que su cerebro se halla lanzado al vértigo de suposiciones e ideas según cambia bruscamente su estado de vigilia o somnolencia. Cambia su expresión bonachona a una de granito sin importar donde se halle... en el "Quai des Orfèvres", en su casa, en la fonda, persiguiendo a un sospechoso o sentado en el banco de una plaza.
Extremadamente hábil para unir partes inconexas, para tramar escenas que descolocan al culpable incluso hasta teatralizar escenas que nadie entiende... sólo a quien van dirigidas aunque quizás hasta ese momento ni el propio Maigret sabe exactamente quien es.
Apuntamos anteriormente que Maigret es sobre todas las cosas un excepcional ser humano.
Y es ésta quizás la más sorprendente de sus técnicas para definirlas de algún modo...
Cuando le preguntan por uno ó más sospechosos que la superioridad, el público o la prensa señalan de antemano sus lacónicas respuestas son, "No tengo idea", "Aún no lo se", "Puede ser cualquiera" y así hasta sacarse de encima a los inquisidores.
Es que él jamás va a acusar a alguien si primero no se ha puesto en la piel de ese sospechoso.
Necesita saber qué es de su vida, qué hace, en qué gasta su tiempo, de qué trabaja, quienes son sus relaciones hasta que el propio Maigret siente como absorbe a ese individuo para pensar como él lo haría y desentrañar sus acciones. Al punto que sus propios superiores reconocen que "él se mete hasta en las propias zapatillas" ya sea de la víctima como de aquellos que tiene en la mira... y a veces no es solamente una metáfora sino real.
Sus valores y convicciones le señalan que tras el criminal no hay un problema científico a resolver  sino humano.

Así que viaja, se traslada y de su mano recorremos diferentes lugares de Francia y también de Europa. Recorre los más abyectos sitios de París y también los más lujosos así como sus alrededores. Sus marismas, sus esclusas, las márgenes aisladas del Marne y el Sena, sus pastizales y sus habitantes que conservan sus diferencias étnicas y sus antiguas costumbres
Todas estas vivencias que tienen que ver con su personalidad y su imposibilidad de transferirlas a otros hace que a veces asuma roles o tareas dentro del mismo cuerpo policial que debieran ser asignadas a cualquier agente sin jerarquía... pero cómo lograrlo?
A pesar de la inseparable compañía de sus fieles subordinados Lucas y Janvier, lo trascendente o sustancial debe realizarlo él mismo a fin de garantizar el resultado que él ha previsto.
Así lo vemos siempre con valijas preparadas para trasladarse, subir apresuradamente a un taxi (él no tiene vehículo propio y no utiliza los de la repartición), pedir prestada una bicicleta o colarse en una barcaza, esperar bajo un tormentón chorreando agua o bebiendo sus cervezas una tras otra mientras hace tiempo o decide pensar, a tal punto que a veces le confunden con un cliente cualquiera o un pasajero que duerme... no, no lo está. Su cerebro está trabajando a full. Es el mejor Maigret. Es su estilo, también el más peligroso para un delincuente.

Maigret no se parece a otros policías de la novela negra. No tiene luchas palaciegas ni rollos con sus superiores. No hay nada como "asuntos internos" o subalternos serruchadores de pisos. 

Es un buen gourmet y bebedor de buen alcohol sin importar si está o no de servicio.

Las obras de Simenon sobre Maigret están centradas en el Comisario y toda la sarta de posibles culpables y sospechosos y cómo la suma de pericia, oficio y talento de Maigret finaliza el caso.

Permite establecer una competencia entre el lector y la novela para llegar al culpable aunque muchas veces sorprende el final que el propio Maigret maquina desde un comienzo.
No es un hombre altivo... todo lo contrario. Es respetuoso de la Ley hasta en los más pequeños detalles y no cree que esté por encima de ella. Pero en ciertas ocasiones, que comprende las razones extremas por las que ha actuado el acusado y cuyo arresto para nada significa una ventaja para la sociedad ni el acusado un peligro para la misma suele hacer la vista gorda y mirar para otro lado, así como otras veces debe soportar que alguien merecedor del más severo castigo se burle de él al quedar totalmente libre...
Es que no olvida sus humildes comienzos allá por 1887 cuando nació en Saint-Fiacre de un modesto matrimonio cuya ambición era que estudiara medicina pero luego de varios cambios termina de cadete en la policía.
Su padre administraba un castillo pero sus ingresos eran escasos y así educó a su hijo... a vivir espartanamente, con lo necesario, a respetar la Ley, ser buen ciudadano y también buen esposo ya que lleva décadas con la misma mujer (En 1913 contrae matrimonio con la joven alsaciana Louise Leonard)  a la que ama a pesar de todos sus desplantes debido a su ocupación olvidando a veces avisarle que no va ir a dormir o comer incluso que ya ni siquiera está en París. Madame Maigret, transcurre por todas las novelas  simplemente anónima e imprescindible en la vida diaria del Comisario de la policía judicial, aunque en todas ellas queda absolutamente claro el papel fundamental que tiene en la estabilidad emocional de Maigret.

Louise Maigret cuida a su esposo como a un niño y busca satisfacerle brindándole una cocina con recetas de la infancia del Comisario y que le fascinan , como sopa de cebolla o los mejillones con patatas fritas, (En realidad son de Lieja, terruño de Simenon) y del interior de Francia como las "andouillettes" hasta la bullabesa, pasteles de albaricoque o de chocolate, bien regados con vinos populares alsacianos o de Burdeos.
Es en definitiva quien mejor le conoce y quien también se permite poner algún bocadillo, además de gastronómico, para ayudar a esclarecer algún caso. Aquí me viene a la mente Edward X Delaney y su esposa, del escritor Lawrence Sanders.

Vivieron durante largos años en el número 132 del Boulevard Richard Lenoir hasta la jubilación del Comisario que ocurre a los 69 años y se trasladan  a una casa residencial que adquirieron en 1953 en Meung sur Loire.
En Delfzijl, localidad donde transcurre la primera de las novelas (Pier et letón)  que escribió George Simenon protagonizada por Maigret, se erigió en 1966 una estatua, obra de Pieter d'Hont, dedicada al comisario más famoso del noir.

Mi parecer

Me encanta leer a Maigret porque sólo es él contra el culpable. Es cierto que de esta manera se vuelve un tanto irreal al desconocer toda la trastienda policial que indudablemente debe ser abrumadora para cualquier funcionario policial de jerarquía, aquí apenas se menciona la burocracia que todo gobierno tiene al respecto. En este aspecto, sólo en este aspecto, tiene un paralelo con el Superintendente Battle, de Agatha Christie.

Me gusta la soltura y desparpajo de este hombretón para meterse de lleno en el alma del sospechoso y construir en su mente las razones que llevaron al crimen, técnica fundamental en la resolución de todos los casos.

Me encanta la fidelidad que siente por «el sentido de justicia» que es mucho más abarcadora que el simple término «justicia»

Y su fidelidad es total tanto al departamento que él preside como a su historia, su niñez y a su matrimonio.

Como comidilla vale comentar que sus novelas son cortas, 100 páginas o un poco más o menos, que se leen de un tirón anhelando pasar a la siguiente.

Serie 

 
 

Sinopsis

 

 

Pietr el Leton

En el verano de 1929, Georges Simenon, que navegaba por el Mar del Norte, se ve obligado a detenerse debido a una avería del barco. Mientras lo reparan, se instala en una gabarra abandonada. «Esa gabarra, en la que coloqué un gran cajón para mi máquina de escribir y una caja algo más pequeña para mi trastero, iba a convertirse en la cuna de Maigret. ¿Me disponía a escribir una novela popular como las demás? Una hora después, vi que empezaba a perfilarse la mole poderosa e impasible de un tipo que me pareció que sería un comisario aceptable. A lo largo de ese día fui añadiendo algunos accesorios: una pipa, un sombrero hongo y un grueso abrigo de cuello de terciopelo. Y le concedí, para su despacho, una vieja estufa de hierro colado».
Pietr Johannson, conocido como Pietr el Letón, es un famoso delincuente perseguido por las autoridades de toda Europa. La policía parisina es informada de la llegada del estafador a la estación del Norte, donde le esperará Maigret. A su llegada, y tras sospechar que le siguen, Pietr se refugia en el hotel Majestic; pero, tras entrevistarse con un multimillonario norteamericano, cambia de alojamiento. Mientras tanto, en el tren que le ha traído se descubre un cadáver que es la viva imagen de Pietr el Letón… El lector que abra las páginas de esta extraordinaria novela asistirá a un gran suceso: el nacimiento del comisario Maigret.

El arriero de La Providence


En un establo cerca de las aguas del canal lateral del Marne, a la altura de Dizy, aparece el cadáver de una mujer que navegaba en el Southern Cross, un elegante yate que nadie había visto surcar antes los canales de la región. Cuándo Maigret llega a la escena del crimen los principales sospechosos son los tripulantes de la embarcación, sofisticados y extravagantes: sir Lampson —el marido de la víctima—, Willy, Vladímir y la señora Negretti. Pero la aparición de un segundo cadáver flotando en las aguas del canal pondrá al comisario sobre la pista de La Providence, la gabarra de un modesto matrimonio de Bruselas y su arriero Jean, un hombre rústico y huraño. Sólo cuando Maigret descubra los secretos que albergan el Southern Cross y La Providence, entenderá por qué el cruce de sus recorridos había de resultar funesto.

El difunto filántropo


Una bala en la cabeza, un navajazo en pleno corazón. Un tal Emile Gallet, viajante de comercio que se movía bajo un nombre falso, es asesinado en un hotelito de Sancerre. Un nuevo caso para el comisario Maigret.
Esta novela también ha sido publicada en España con los títulos El Señor Gallet, difunto o La muerte del señor Gallet.

El ahorcado de la iglesia


Un hombre de aspecto miserable se suicida en la habitación de un hotel de Bremen y Maigret, que iba siguiéndole la pista, teme haber inducido al desgraciado a cometer ese acto fatal. Todo parece irreal en este caso: los billetes chamuscados, el paquete de ropa vieja y ensangrentada, los innumerables dibujos de ahorcados… ¿Qué había ocurrido en Lieja un 15 de febrero, hace ya diez años?
Novela también publicada en España con el título de El ahorcado de Saint-Pholien.

La cabeza de un hombre


El condenado a muerte duda un instante ante la puerta de su celda: ¡realmente está abierta y nadie lo vigila! Amparados en la oscuridad del patio de la cárcel, Maigret y las autoridades judiciales, cómplices de este simulacro de evasión, observan cómo el hombre escapa de la prisión. «Arriesga su carrera, comisario. Si sale mal, esto originará un escándalo», le dicen. Y Maigret, seguro de sí, aunque un poco nervioso, contesta: «¿Acaso la cabeza de un hombre no vale un escándalo?». El comisario tiene diez días para descubrir al verdadero culpable; diez días de ardua investigación, y también de sorprendentes descubrimientos que lo llevarán a sumergirse en el mundo de la bohemia de Montparnasse y de las lujosas mansiones de Saint-Cloud.

Maigret y el perro canelo


Maigret trabaja en la brigada móvil de Rennes y es destinado a la localidad costera de Concarneau para descubrir qué se esconde tras una serie de misteriosos sucesos. En la ciudad se están produciendo una serie de atentados de los que un perro vagabundo parece ser el testigo final.

La noche de la encrucijada


En la encrucijada de las Tres Viudas, junto a la carretera de Arpajon, en medio del estruendo de los camiones que transportan legumbres a París, tres casas solitarias parecen desafiarse: la casita de un agente de seguros, una gasolinera en la que también reparan coches y la gran finca en la que viven dos hermanos aristócratas de origen danés. Una mañana, un tal Isaac Goldberg aparece muerto en el coche del agente de seguros, y el comisario Maigret acude a la encrucijada para investigar ese crimen aparentemente inexplicable. En un ambiente casi teatral, donde todos los personajes interpretan su papel con quizás demasiada aplicación, Maigret pasará la noche más dramática, la más peligrosa, y también la más cómica de toda su carrera.

Crimen en Holanda


En la penumbra de un establo, el célebre comisario Maigret ayuda a una joven granjera a traer al mundo un ternero. De esta imprevista manera Maigret inicia una investigación en un pequeño pueblo marítimo holandés, Delfzijl, al que la Policía Judicial francesa le ha enviado para esclarecer el asesinato de un profesor de la Escuela Naval. La verdad tarda en salir a la luz. El comisario que se siente extraño entre esas casas y gentes demasiado ordenadas, respetables y comedidas, se decide a utilizar un antiguo método: aterrorizar al posible culpable, reconstruir la atmósfera en que se cometió el crimen para, de este modo, obligarlo a traicionarse o, ¿quién sabe?, a repetir los mismos actos.

A la cita de los Terranovas


Esta novela que ahora se comparte en ePubLibre.org fue escrita por Georges Simenon a bordo de l’Ostrogoth, Morsang-sur-Seine (Seine-et-Marne) en julio de 1931.
El comisario Maigret se enfrenta al misterioso asesinato del capitán del «Océan», un barco francés que ha vuelto de una desastrosa campaña que ha durado tres meses.
Octave Fallut, capitán de la trainera «Océan», ha sido descubierto estrangulado, en un estanque del puerto de Fécamp. El telegrafista Pierre Le Clinche, que se fue visto vagabundeando por los alrededores del barco, es sospechoso. Maigret es informado sobre el asunto a través de un antiguo amigo, maestro de escuela en Quimper, que le pide que pruebe la inocencia de Le Clinche. Rápidamente el comisario descubre la presencia de una mujer a bordo del barco en el momento de la última campaña de pesca: durante tres meses, el capitán escondió a Adela, su maestra, en su cabina.
Esta situación engendró ciertos celos mezclados con desconfianza entre el capitán, el jefe-mecánico y el telegrafista, puesto al tanto de la presencia de una mujer a bordo. A pesar de la vigilancia de Fallut el joven Le Clinche mantuvo con Adela una sola vez relaciones íntimas, que van a obsesionarle durante toda la campaña de pesca. Tras un careo entre Le Clinche, Adela y Gastón Buzier, también él sospechoso, Le Clinche es puesto en libertad por falta de pruebas. Maigret entonces se hace cargo del joven y lo conduce hasta Marie Léonnec, su novia. En la terraza del hotel donde se reunieron aparece Adela, que trata, por celos, de provocar un escándalo. Como resultado Le Clinche realiza una tentativa de suicidio.
Al quedar el asunto poco claro, Maigret intenta reconstruir la atmósfera de la campaña de pesca a bordo de «Océan», y deduce de eso que el drama se desencadenó el tercer día, en el momento de la muerte de Jean-Marie, el nuevo grumete. Interrogado en el hospital, Clinche revela por fin la fuente del drama; habiendo descubierto la existencia de Adela, el grumete amenazó al capitán con revelar su secreto a la tripulación. En la lucha que resultó, el capitán provocó la caída de Jean-Marie, que se rompió el cráneo sobre un cabrestante. Cuidadoso de mantener la disciplina y su reputación, Octave Fallut impuso silencio al único testigo, Le Clinche, y pretendió que el grumete había sido llevado por una lámina. Para la llegada al puerto, siempre obsesionado por el recuerdo de Adela y para vengarse del «exclusivismo» de Octave Fallut, Le Clinche le reconoció al padre del grumete que éste había sido asesinado por el capitán. El padre estranguló a este último. En posesión de todos los datos, Maigret decide sin embargo no divulgarlos y clasificar el caso.

 

La bailarina del Gai-Moulin


Jean y René, dos adolescentes, están sentados una noche en el Gai-Moulin, con la bailarina del local. Los dos jóvenes están sin dinero y han decidido robar la recaudación del cabaret. Al día siguiente se descubre el cadáver de un hombre en un cesto de mimbre; no lleva documentación, sólo unas tarjetas con un nombre griego. La policía interroga a Jean, a quien se ha encontrado tratando de deshacerse de los billetes. La intervención de Maigret, llegado a Lieja desde París tras el griego asesinado, ayudará decisivamente al esclarecimiento del crimen.

 

La taberna de los dos centavos


Lenoir, un malhechor condenado a muerte, va a ser ejecutado en breve, y el comisario Maigret acude a visitarlo. En la estrecha celda, Lenoir le explica, lleno de amargura, un asesinato del que fue testigo hace años y cuyo autor nunca pago por su delito. Pero Lenoir no es un chivato y solo dará dos pistas al comisario: un lugar —un merendero en las afueras de París— y un nombre —el de otro testigo del crimen—. Nadie parece conocer el lugar ni al testigo, y el comisario empieza a olvidarse del asunto. Hasta que, una mañana, Maigret entra en una sombrerería y oye, sorprendido, cómo otro cliente pide una chistera para celebrar una fiesta ¡precisamente en el merendero de que hablo Lenoir!

El puerto de las brumas


En el Quai des Orfevres, sede de la Policía Judicial, le llamaban «el hombre», pues ignoraban su nombre. Lo habían recogido en los Grands Boulevards, le interrogaron en siete idiomas, pero no contestaba. ¿Padecía amnesia, locura tal vez? Días después logran identificarlo: es un ex oficial de la Marina que trabajaba como capitán de puerto en Ouistreham, un pueblecito normando. Maigret es el encargado de acompañar al capitán a su casa y, ante ese paisaje marítimo difuminado por la niebla, el célebre comisario se plantea las mismas preguntas que lo asaltan al inicio de cada investigación. Nada más penetrar en la bruma, Maigret siente aflorar el miedo.

La sombra chinesca


En la oscuridad de un patio de la parisiense Place des Vosges, unas siluetas se recortan, como sombras chinescas, en las ventanas: la del ex embajador que vive en la primera planta, la de una loca, y la del muerto, rico empresario asesinado ante su escritorio. Otras figuras se cruzan: burgueses acomodados, enjutos funcionarios…
¿Qué nexo hay entre esos tristes reflejos? Impasible, Maigret observa con atención a los moradores del edificio, pues el criminal se halla entre ellos. El comisario deberá aclarar y comprender ese misterio con el que tropieza sin cesar en su oficio: el del odio, la codicia y el terror.
Pero durante las pesquisas, en ciertos momentos, el sagaz comisario se siente hastiado, casi asqueado.

El caso Saint-Fiacre


«Les comunico que se cometerá un crimen en la iglesia de Saint-Fiacre durante la primera misa del día de difuntos». El caso Saint-Fiacre: un enigma desgarrador, teatral, que se resiste a ser desvelado y que brinda a Maigret la ocasión de realizar una melancólica peregrinación por su pueblo natal. Allí, en el humilde cementerio, se halla la tumba de su padre. Y en la terca mirada del monaguillo, Maigret se ve, en muchos aspectos, reflejado a sí mismo. Todo parece, no obstante, confabularse para mancillar sus recuerdos de infancia: el castillo está hipotecado, la condesa de Saint-Fiacre se ha convertido en una vieja chiflada que se rodea de gigolós, y su hijo, con su conducta, precipita la ruina familiar. En efecto, nada es como antes…

Entre los flamencos


Los Peeters no son como los demás habitantes de Givet, una pequeña ciudad a orillas del Mosa. Son flamencos, ricos, y muy devotos.
Germaine, una pobre obrera, mantuvo relaciones con el hijo de los Peeters, y como resultado nació un niño. Una tarde, la chica entró en la casa de los flamencos y desde entonces nadie ha vuelto a verla. En Givet se rumorea que los Peeters la han asesinado y arrojado al Mosa.
Maigret observa, pregunta aquí y allá. No le gusta la malsana seducción que los Peeters ejercen sobre su entorno, ni ese salón demasiado tranquilo donde las hijas cantan acompañándose del piano. Lo que descubre le llena a la vez de repugnancia y de piedad. ¿Cumplirá hasta el final la misión que le ha llevado hasta Givet?

 

El loco de Bergerac


Herido por un misterioso agresor durante el viaje en tren, el comisario Maigret llega a Bergerac en un triste estado. Desde la mejor habitación del hótel d’Angleterre, inmovilizado en la cama, contempla la plaza mayor de la pequeña ciudad, sus juegos de luz y sombras. Bergerac se ha convertido en un escenario teatral en el que se mueve un loco. Un loco —el comisario está convencido de ello— que habla, ríe, va y viene, y mata impunemente. Impenetrable, recostado en los almohadones, Maigret escudriña la vida de los habitantes de Bergerac. Los provoca e irrita. Poco a poco, los problemas y los dramas salen a la superficie, todos los que le rodean darían cualquier cosa por ver desaparecer al comisario.

Maigret y el Liberty Bar


El aspecto general, la expresión del rostro, esa mirada demasiado serena, ese rictus a la vez bondadoso e irónico de los labios… Al mirar una fotografía de la vitrina, el comisario Maigret tiene la sensación de haber conocido a William Brown, ese australiano antaño riquísimo que un buen día, harto de Australia y de sus ovejas, de su familia y del dinero, decidió perderse en la indolente presa que flota en el Liberty, un bar situado a la sombra de los lujosos hoteles de Cannes…

La esclusa número uno


Emile Ducrau ha estado a punto de morir ahogado. ¿Se trata de un simple accidente o de un intento de asesinato? En los muelles de Charenton, entre escluseros y marineros, el comisario Maigret se siente de buen humor: los primeros días de abril son magníficos, y además le atrae la personalidad de Ducrau. Éste, dueño de un imperio de gabarras y del transporte fluvial del Sena, es un hombre truculento, cínico y, al parecer, también sincero.
Maigret y Ducrau —grande y corpulento como el comisario— tendrán que medir sus fuerzas hasta que finalice la investigación.

Maigret


Maigret es una novela policíaca de Georges Simenon escrita en enero y publicada en marzo de 1934: forma parte de la serie de Maigret.
Hubo una publicación de una edición preoriginal en serial en el diario Le Jour, del 20 de febrero al 15 de marzo de 1934 (a saber, 24 episodios).
Esta novela, la decimonona de la serie publicada por Fayard, debía ser la última de la serie, por el hecho que Maigret ya estuviera retirado de la Policía.
Jules Maigret pasa días apacibles en su casa de campo de Meung-sur-Loire. Su sobrino, Philippe Lauer, joven inspector de la P.J. acude a solicitarle su ayuda: el joven asistió al asesinato del hombre encargado de vigilar en un cabaret de Montmartre. Entonces, a la salida del cabaret, Philippe se topa con un transeúnte y el inspector es considerado sospechoso del crimen. Maigret desembarca en París, y con la ayuda de sus antiguos colaboradores, que no olvidaron a su «jefe», hará «todo» lo necesario para probar la inocencia de su sobrino.

Los sótanos del Majestic


Emilienne Clark, una hermosa joven, rica y elegante, aparece estrangulada en los laberínticos sótanos del Majestic, el hotel donde se hospedaba. Dado que, su marido, Oswald Clark, es un importante empresario, el juez encargado del caso recomienda al comisario Maigret que sobre todo, actúe con discreción. Aunque los indicios apuntan a que Prosper Donge —el empleado que ha descubierto el cadáver— es el asesino, Maigret no quiere precipitarse.
¿Conocía Prosper Donge a la víctima? ¿Qué oscuro secreto ocultaba Emilienne a los que la rodeaban?
Cuando se produce un segundo crimen, Maigret olvida la discreción que tan encarecidamente le han recomendado.

La casa del juez


El anciano matrimonio Hulot mata el tiempo espiando a su vecino, un honorable juez jubilado, porque ha visto extraños movimientos en su casa. Tras montar vigilancia día y noche, sus expectativas no se ven defraudadas: el juez oculta un cadáver en la habitación, y puede querer desembarazarse de él en cualquier momento. Es entonces cuando Maigret entra en acción.

Cecile ha muerto


La triste figura de Cécile Pardon se ha hecho ya célebre en la Policía Judicial. Hace meses que acude al despacho del comisario Maigret para denunciar las extrañas transformaciones que su piso sufre por las noches, mientras su vieja tía Juliette y ella duermen. Por ello, tras vigilar en vano la casa, todos creen que Cécile tiene alucinaciones. Hasta que un día la encuentran estrangulada… ¡en el edificio de la Policía Judicial! Atenazado por los remordimientos, el comisario no descansará hasta meter entre rejas al asesino de la desdichada Cécile. Y cuando Maigret se propone algo…

Firmado: Picpus


Un gris oficinista entrega a la Policía Judicial un papel que ha encontrado casualmente en un bar, con una extraña sentencia de muerte: «Mañana, minutos después de las cinco de la tarde, mataré a la vidente. Firmado: Picpus». Maigret no puede evitar el homicidio. Pero el asesinato de la vidente no es más que el principio de uno de los casos más difíciles para el comisario.

Felicia está ahí


¿Por qué han asesinado a Jules Lapie, alias Pata de Palo? Ya retirado, vivía del dinero de una pensión, en su casita nueva. El comisario Maigret, encargado de investigar el caso, hurga en su pasado, organiza incluso redadas en París para capturar a posibles sospechosos, pero su atención se desvía una y otra vez hacia Felicia, la sirvienta de la víctima.

Maigret y el inspector Cadáver


Maigret llega en misión oficiosa a la aldea campesina de Saint-Aubin. Su sola presencia, no cabe duda, debería de bastar para acallar las absurdas murmuraciones que afectan a los familiares del buen juez Bréjon. Aunque tal vez las murmuraciones tengan alguna base, porque de su mismo tren desciende Justin Cavre, el detective privado que antes de ser expulsado de la policía era conocido por todos como el inspector Cadáver. Y estando allí Cadáver, la idílica paz de la aldea campesina no puede sino esconder algo ruin, miserable, sórdido.

Maigret se enfada


En su retiro de Meung-sur-Loire, el ex comisario Maigret es visitado por la anciana Bernadette Amorelle, quien se extraña de la reciente muerte, por ahogamiento en el Sena, de su nieta Monita: la joven nadaba muy bien y hay razones para sospechar que no ha debido tratarse de un accidente.
Maigret comienza a investigar esta muerte, y sus pesquisas le conducen hasta una acaudalada familia. Con sorpresa, descubre que quien maneja los hilos de ésta es Ernest Malik, un antiguo condiscípulo, convertido ahora en rico empresario, dueño de muchos negocios de transporte fluvial y de una hermosa mansión a orillas del Sena.
Maigret, un hombre sencillo, soporta a duras penas el lujoso ambiente y la condescendencia con que lo trata Malik, pero cuando éste, tachándole de palurdo, le ofrece dinero para que abandone la investigación, el ex comisario se enfada y decide llegar hasta el final. Ya nada podrá detenerlo.

Maigret en Nueva York


Desde la brumosa cubierta del transatlántico, el célebre comisario Maigret ve surgir ante sus ojos la estatua de la Libertad, y luego muchos rascacielos: ha llegado a Nueva York. Las cosas no empiezan bien. Apenas atraca el barco, se da cuenta de que el joven que le ha contratado para que investigue sobre su padre, un tal míster Maura, ha desaparecido. Además, un colega estadounidense le explica que no puede investigar si no tiene evidencias de que se haya cometido un delito. Maigret aún no sabe que tendrá que enfrentarse a una peligrosa banda que no duda en asesinar a quienes se interponen en su camino y, sin embargo, ya se arrepiente de haberse embarcado en esta aventura. ¡Le ofrecen Coca-Cola en vez de cerveza y las pipas, carísimas, se rompen a las primeras de cambio!

Las vacaciones de Maigret


El comisario Maigret está feliz: ¡por fin Madame Maigret y él disfrutan de unas vacaciones! Lo que no puede prever es que, dos días después de llegar al precioso pueblo costero de Les Sables d’Olonne, su mujer estará ingresada en una clínica y él, aburrido a más no poder, se dedicará a deambular de bar en bar para matar el tiempo. Por fin, una noche, ocurre algo que despierta sus sospechas: una joven ingresada en la misma clínica que su esposa, y que ha sufrido un inexplicable accidente, fallece tras permanecer varios días en coma. Casualmente, el cuñado de la fallecida —médico de gran renombre que juega a las cartas cada tarde en uno de los bares a los que Maigret suele acudir— empieza a mostrarse sospechosamente solícito hacia el comisario. ¡Una vez más Maigret se ha quedado sin vacaciones!

Maigret y su muerto


Mientras atiende a una vieja paranoica, Maigret recibe una llamada del esposo de Nine que, agitado, le dice que un hombre alto y otro bajo lo siguen para matarlo. A pesar de que cualquiera podía tomarlo por un bromista, Maigret le cree desde el principio. A partir de ese momento recibirá más llamadas hasta que en la noche de ese mismo día le reportan que efectivamente han asesinado al cachondo esposo de Nine.

Maigret y los aristócratas


Maigret, que se halla en los inicios de lo que será su muy fructífera carrera en el cuerpo de policía y ocupa el puesto de secretario en una comisaría de barrio, se ve metido de lleno en una investigación. Pero los principales implicados pertenecen a la aristocracia y tienen en sus manos todos los elementos precisos para hacer que el inexperto y poco refinado policía eche tierra encima del asunto. Sin embargo, ni la amistad de los aristócratas con sus jefes ni todo el lujo y el esplendor de los encopetados personajes son capaces de apartar al tenaz inspector del camino que cree justo.

Mi amigo Maigret


Mister Pyke, un inspector de Scotland Yard sigue a todas partes como una sombra al célebre comisario Maigret. De pronto surge un caso que tal vez le haga olvidar esa insidiosa presencia: en la isla de Porquerolles han matado a Marcel Pazaud, un ex delincuente, al día siguiente de que pregonara en el bar más frecuentado que era amigo de Maigret.

Maigret en los dominios del «coroner»


Maigret en los dominios del «coroner» es una novela policíaca de Georges Simenon publicada en 1949. Forma parte de la serie de Maigret. Su escritura se desarrolló entre el 21 y 30 de julio de 1949.
Ésta es una novela atípica de Maigret, en la que el célebre comisario está con una beca de estudios en Estados Unidos y asiste a un juicio por homicidio en el estado de Arizona. Por tanto es un testigo presencial de un juicio en el que evidentemente no puede participar, pese a sus constantes lamentos internos sobre la instrucción del mismo. En este sentido es una de las novelas en las que menos interviene Maigret, anulado por una estructura narrativa que más bien parece una crónica judicial. «Era la primera vez que seguía una investigación como un simple particular, sin conocer lo más mínimo del reverso de las cartas, y le molestaba enormemente tener la sensación de que le ocultaban montones de cosas».
Una de las cosas interesantes de la novela es la visión por parte de un europeo de la América de finales de los cuarenta. Maigret observa con ojos celosos el avance del hermano americano, y dibuja una sociedad esplendorosa y colmada de bienes materiales, en la que también afloran taras: «¿Qué es lo que no funcionaba correctamente en aquel país, donde tenían de todo?». Describe a los americanos como alegres, desenfadados, promiscuos, limpios… Y sin embargo el comisario se sorprende con la ligereza que se toman hechos tan graves como el de la presunta muerte por homicidio de una muchacha, más aún cuando incluso los sospechosos juzgados no parecen preocupados.
El grueso de Maigret en los dominios del «córoner» es la reconstrucción de la noche de los hechos desde múltiples ópticas propiciadas por protagonistas y testigos, y que va cambiando con la aportación de nuevos datos obtenidos en el desarrollo de los interrogatorios. La visión que nos trasmite Simenon sobre el juicio es la de un espectáculo público, corroborando así el nacimiento de un género propiciado por el sistema procesal americano que tanto juego ha dado en la literatura y sobre todo en el cine.
Sin carecer de interés, me parece una novela menor del prolífico ciclo de Maigret. Aún así se lee en un suspiro y nos deja el aroma genuino de una época observada por nuestro querido comisario.

 

Maigret y la anciana señora


Valentina, una encantadora y vivaracha anciana, solicita la ayuda del comisario ya que teme por su vida. La joven sirvienta que vivía con ella ha muerto por ingerir un somnífero.
Cuando Maigret se desplaza a Etretat, donde vive la anciana, el caso toma un cariz aún más siniestro al empezar a «hurgar» en la vida de Valentina.

La amiga de la señora Maigret


El anónimo que recibe la Policía Judicial dice que alguien ha quemado un cadáver en la estufa del taller de un encuadernador, un hombre humilde, culto y muy competente que es el primer sorprendido. También madame Maigret está muy sorprendida: en una plaza de París, una mujer le ha pedido que vigile a su hijo pequeño unos minutos: ¡y la mujer lleva horas sin aparecer!

Las memorias de Maigret


Las memorias de Maigret es una novela de Georges Simenon, publicada en 1951 por Les Presses de la Cité. Al contrario que las demás no se trata de una novela policiaca, sino más bien un montón de recuerdos de un policía. Este título está incluido en la serie Maigret. La escritura de esta novela se desarrolló entre los días 19 y 27 septiembre 1950.
Cuando Maigret ya llevaba varios casos resueltos, desde que comenzaran sus aventuras en 1931, en 1950 apareció una novela que es como una pausa en la relación literaria Maigret-Simenon que se prolongará hasta 1972: Las memorias de Maigret. Ésta es una novela atípica porque el inspector Maigret, lejos de protagonizar uno de sus casos, se dedica a recoger en unas memorias sus recuerdos y experiencias durante sus largos años trabajando en la Policía Judicial de París. Y lo hace para aclarar y desmitificar cierta imagen de su personalidad y su forma de trabajar.

Maigret en el Picratt's


Es joven, guapa, va muy pintada, exuda sensualidad por todos los poros del cuerpo, está borracha y se dirige a las cuatro de la madrugada hacia una comisaría de policía. Se llama Arlette y hace un número de strip-tease en el Picratt’s, un pequeño club nocturno de París. En la comisaría declara que ha oído que van a asesinar a una condesa. La interrogan, la retienen un rato y luego la envían a su casa. Muy pocas horas después, Arlette aparece estrangulada en su pulcro apartamento. Maigret, conmovido al ver el cadáver de Arlette, pone en marcha a todos sus inspectores. ¿Quién es el joven con el que Arlette se sentó la noche anterior en el Picratt’s? ¿Quién es el tal Oscar, que, según la declaración de Arlette, iba a matar a la condesa? Y ¿a qué condesa van a asesinar? En la penumbra familiar de Picratt’s, Maigret va desvelando todos los enigmas, incluido el de la vida y la muerte de Arlette.

Maigret a pensión


Cuando, en el curso de una investigación, un desconocido dispara y hiere gravemente a uno de sus inspectores, el comisario Maigret decide ocuparse personalmente del caso. Eso significa que debe instalarse en la pensión de Mademoiselle Clèment, mujer voluminosa, maternal e ingenua que alquila habitaciones en un barrio popular de París. Uno de sus huéspedes, llamado Paulus, ha atracado un local nocturno y se ha fugado, dejando el dinero del robo en la pensión: tal vez será él el autor del disparo.

Maigret y la Espingarda


Diecisiete años después de que el entonces jovencito Maigret detuviera a Ernestine, llamada «la Espingarda», ésta se presenta en la Policía Judicial para hablar de su marido, Alfred «el Triste». Experto en cajas de caudales, Alfred ha tenido la desgracia de entrar a robar en una casa acomodada; cuando más enfrascado estaba en la tarea, con su linterna ha iluminado sin querer un rostro, unos ojos sin vida, unas manos crispadas en torno al auricular de un teléfono: un cadáver. Y ha salido por piernas.
Sin embargo, cuando el ahora famoso comisario Maigret llame al timbre de la casa, no sólo no aparecerá ningún cadáver, sino que no habrá el menor signo de que Alfred haya entrado allí para robar. Alguien miente, pero ¿quién? ¿Acaso la Espingarda ha puesto a Maigret tras la pista de un cadáver ficticio?

Maigret Lognon y los gángsteres


No cabe duda de que el inspector Lognon, Cara de Vinagre, tiene mala suerte. Cuando cree tener entre manos un caso importante, se encuentra de repente sin una sola prueba y perseguido por unos tipos malencarados que hablan en inglés y que no se andan con chiquitas. Pero ahí está el comisario Maigret para sacarle a Lognon las castañas del fuego. La verdad es que el asunto se las trae, pues una banda de gángsteres ha tomado las calles de París como campo de batalla. Desde Washington, sus colegas del FBI le dicen a Maigret que no se inmiscuya, que mejor se siga dedicando a sus ladronzuelos, a sus busconas, a sus viejecitas asesinadas… Pero él les quiere demostrar…

El revólver de Maigret


Una calurosa mañana de junio, mientras el comisario Maigret está en su despacho del Quai des Orfèvres, madame Maigret deja entrar en su casa a un joven que desea hablar a toda costa con el comisario. Cuando éste llega a comer, el joven se ha ido… llevándose un revólver que Maigret apreciaba especialmente. Al seguir la pista del joven Maigret descubre, entre otras cosas, el cadáver de un conocido político. Maigret debe ir a Londres. Una vez allí, inmerso en los rígidos hábitos británicos, el comisario verá limitados sus movimientos: ¡hasta para tomarse una cerveza o fumar en pipa ha de ceñirse a los horarios!

Maigret y el hombre del banco


Era un día gris de octubre, un lunes, y, según dicen en el Quai des Orfèvres, los lunes no suelen producirse asesinatos. Pero al caer la noche, ese lunes, aparece muerto un hombre en un callejón. Así comienza uno de los casos más apasionantes del célebre comisario Maigret, quien empieza a investigar y lo que descubre lo deja perplejo. Louis Thouret, la víctima, llevaba una doble vida. La empresa para la que trabajaba había cerrado años atrás y, en los últimos tiempos, Thouret se pasaba el día sentado en un banco. ¿Cómo no se había enterado de nada su familia? ¿De dónde sacaba el dinero para pagar las facturas a fin de mes?…

Maigret tiene miedo


De regreso de Burdeos, el comisario Maigret decide visitar a un viejo amigo, el juez Julien Chabot, que vive en Fontenay-le-Comte, que ha sido escenario de dos crímenes en los últimos tres días. Esa misma noche, se comete un tercer asesinato. Maigret debe decidir si quedarse o no para ayudar a su amigo, el juez instructor del caso.

Maigret se equivoca


Maigret se equivoca es una novela policíaca de Georges Simenon, publicada en 1953 por las Presses de Cité. Forma parte de la serie de Maigret.
Fue escrita en Shadow Rock Farm, Lakeville (Connecticut), Estados Unidos, del 24 al 31 de agosto 1953.
El asesinato de Louise Filon, una ex prostituta mantenida en un piso acomodado, levanta los recelos del vecindario, y las primeras sospechas recaen sobre un saxofonista al que se ha relacionado con la joven. Pero en el curso de la investigación pronto se vislumbra la figura del doctor Gouin, un cirujano de prestigio, vecino de la víctima… y con un inquietante poder de seducción sobre las mujeres.

Maigret va a la escuela


En Maigret va a la escuela, un suceso escabroso sumerge al célebre comisario en el mundo de su infancia y en la hermética realidad que impregna la Francia rural. En este paisaje anclado en el tiempo, representado por la localidad costera de Saint-André-sur-Mer, el plácido devenir cotidiano se ve brutalmente perturbado por el asesinato de una de sus vecinas más odiadas. Perseguido por el anhelo constante de degustar unas ostras acompañadas por un vino blanco, Maigret tendrá que ir afinando su olfato. Porque sólo de su sagacidad y astucia depende que la verdad salga a la luz.

Maigret y la joven muerta


En la recoleta plaza de Vintimille de París, bajo la fina llovizna de una madrugada de marzo, unos transeúntes descubren el cadáver de una joven vestida de azul. Maigret a quien una casual coyuntura obliga a hacerse cargo de la investigación, teniendo que habérselas con el lúgubre y meticuloso Lognon, consigue desembrollar el enigma, valiéndose, más que de los escasos datos que le es dado reunir, de su fuerza intuitiva, de ese ponerse «en la piel» de la víctima, que le permitirá reconstruir su particular psicología a través del medio ambiente que vivía y de los motivos que guiaron sus actos.

Maigret y el caso del ministro


Maigret y el caso del ministro es una novela policíaca de Georges Simenon, aparecida en 1954. Forma parte de la serie de Maigret. Escrita en los Estados Unidos en Shadow Rock Farm, Lakeville (Connecticut), entre el 16 y el 23 de agosto 1954. La novela tuvo una primera publicación en la revista Le Cercle du roman policier (Canadá) en 1954. Luego fue editada por las Presses de la Cité en 1955.

Maigret es requerido para ayudar al ministro de Obras públicas, Auguste Point. Se trata de un asunto político complicado: un mes antes, un sanatorio de Alta Saboya se hundió, y 128 niños murieron en la catástrofe. Entonces, resulta que un ingeniero de la Escuela de Puentes y Caminos, el profesor Julien Calame, había remitido un informe antes de la construcción del sanatorio, y que este informe predecía la catástrofe y desaconsejaba vehementemente la construcción. Pero los créditos de construcción han sido votados, y sin duda los diputados están implicados en sobornos… Y, como por casualidad, el informe Calame desapareció de los archivos del ministerio. La víspera el ministro Point recibió la visita de un tal Piquemal, bedel de la Escuela de Puentes y Caminos, que le devolvió una copia de este informe, supuestamente encontrado en una buhardilla de la escuela. Pero el ministro hizo robar el informe, y es acusado de haber hecho desaparecer este informe muy comprometedor…

Maigret y el cuerpo sin cabeza


En el Canal Saint-Martin de París, en la esclusa de Récollets, unos marineros encuentran diferentes partes del cuerpo de un hombre. También buscan la cabeza. Será en vano. Maigret, que ha sido llamado al escenario, se dirige, para telefonear, a una taberna en el Quai de Valmy, cuyo patrón le trata de forma seca y evasiva.
El comisario regresará a esta taberna, pero para encontrarse con que su dueño está ausente: Omer Callas se ha ido por unos días para abastecerse de vinos en las inmediaciones de Poitiers, sin que su mujer sepa exactamente dónde se encuentra.

Maigret tiende un lazo


En los últimos meses han encontrado acuchilladas y con la ropa desgarrada a cinco mujeres en las cercanías de Montmartre. Después de una charla informal con los especialistas, Maigret casi como dando palos de ciego decide tender una rebuscada trampa al asesino. El temor cunde en París y ya casi tiene encima a los capitostes franceses mientras el «carnicero» sigue suelto…

Un fracaso de Maigret


Un fracaso de Maigret es una novela policíaca de Georges Simenon publicada en 1956. Forma parte de la serie de Maigret. Su escritura se desarrolló entre el 26 de febrero y 4 de marzo de 1956 en Golden Gate, Cannes (Alpes-Maritimes). Tuvo una publicación de una edición preoriginal en el periódico Le Figaro del 13 de septiembre al 5 de octubre de 1956 (20 episodios).

El comisario recibe la visita de Fumal, hombre de negocios en gran escala que se queja de ser el objeto de unas cartas anónimas amenazadoras y que pide ser protegido dada su importancia financiera y política.

Maigret, que lo conoció en su infancia, le encuentra tan antipático como siempre y se ocupa de él de mala gana. Aunque su casa fue sometida a vigilancia, Fumal es descubierto asesinado a la mañana siguiente…

Maigret se divierte


Por recomendación de su amigo, el doctor Pardon, el comisario Maigret decide tomarse unas vacaciones en la playa de Les Sables d’Olonne. En París, a cargo de la comisaría, deja a su fiel subordinado, el inspector Janvier. Sin embargo, a última hora, surgen inconvenientes que impiden el viaje de Maigret y su esposa.
Entonces, nuestro comisario decide pasar sus vacaciones en París pero sin advertir de ello a sus colegas, que seguirán pensando que se encuentra en la playa, disfrutando de un merecido descanso.
Entretanto, surge un caso complicado, cuya responsabilidad recae sobre el inspector Janvier. Maigret se dispone a resolverlo para ayudar a su subordinado; pero de incógnito, sin ejercer de policía y sin usar los instrumentos de que dispone habitualmente. Como quien dice, sin moverse del sillón de su casa.

Maigret viaja


Como en uno de sus primeros casos, cuando era tan imberbe, como el joven Lapoint, Maigret es encomendado para investigar el asesinato de un potentado inglés y se tiene que mover en una «esfera» en la que nunca se ha sentido a gusto. Los asiduos lectores de las novelillas de Maigret saben que anda como pez en el agua entre putas y golfos, pero no entre los capitostes.

Los escrúpulos de Maigret


El jefe del departamento de juguetes de los Grandes Almacenes del Louvre, Xavier Marton, busca a Maigret para revelarle su sospecha de que su mujer planea envenenarlo. Pero ese mismo día, la esposa de Xavier, Gisèle, se encuentra también con el comisario para narrarle su versión de la historia: para ella, su marido está sufriendo delirios.
Involucrado en este extraño caso, Maigret tratará de averiguar quién, de los dos esposos, dice la verdad.

Maigret y los testigos recalcitrantes


Maigret y los testigos recalcitrantes es una novela policíaca de Georges Simenon publicada en 1959. Forma parte de la serie de Maigret. Su escritura se desarrolló entre el 16 y 23 de octubre de 1958. La novela fue objeto de una prepublicación en serial en el diario Le Figaro, del 17 de febrero al 13 de marzo de 1959 (a saber, 22 episodios).

Léonard Lachaume, director de una galletería vetusta y poco rentable, ha sido asesinado en su cuarto del edificio familiar de Ivry durante la noche del 2 al 3 de noviembre. Llamado al lugar, Maigret experimenta una «impresión de irrealidad» en esta casa donde todo está «fuera del tiempo y de la vida»: nadie se preocupa del cadáver, el comisario es acogido fríamente por Armand, hermano de la víctima, la familia se calla y permanece a la defensiva. Los primeros indicios descubiertos hacen creer que el robo es el móvil del crimen, pero Maigret desde el principio rechaza esta hipótesis: ¿qué podría robársele a un hombre prácticamente arruinado?

La investigación lleva al contable, a los vecinos y a Véronique, quien rompió ya hace varios años todo lazo con su familia, y le hace saber a Maigret que la empresa únicamente se mantiene gracias a la fortuna considerable de la esposa de Armand, Paulette; que esta última, esposa bajo el régimen de separación de bienes, planeaba divorciarse para casarse con Jacques Sainval, publicista que había presentido un buen negocio; que Léonard estaba muy apegado a la continuidad de la «dinastía» Lachaume. Por otra parte, el inventario del cuarto de Léonard pone de manifiesto objetos que no tienen allí su sitio: una llave inglesa y las sábanas de la cama reservadas para el uso exclusivo de Paulette. Disponiendo de estas informaciones, Maigret interroga a Paulette quién ha callado hasta ahora para evitar abrumar a una familia que merece más piedad que odio. Viendo que Maigret adivinó todo, no tarda en reconocer que Léonard, advertido de los proyectos de su cuñada y consciente de su repercusión sobre el futuro de la galletería, simuló un robo, penetró en el cuarto de Paulette e intentó asesinarla con ayuda de una llave inglesa; Paulette, que estaba en guardia desde hace cierto tiempo, fue más rápida y mató a Léonard con un revólver que Sainval le había proporcionado.

Toda la familia estaba al tanto las intenciones de Léonard y las aprobaba. Después del homicidio, cada uno se esforzó por eliminar todo rastro del drama: sacando partido de indicios falsos preparados por Léonard, se haría creer en el gesto desesperado en un atracador sorprendido… Durante el trascurso de las confesiones de su mujer, Armand se suicidará. ¿Este epílogo no habría podido evitarse si el juez Angelot hubiera dejado a Maigret llevar la investigación a su manera?

Una confidencia de Maigret


Un caso ya pasado que sale a colación en una de las pláticas de sobremesa que Maigret suele tener ya en su casa, ya en la de su camarada, el doctor Pardon, acompañados por sus sendas esposas.
Un farmacéutico que años atrás había dado el braguetazo es acusado de asesinar a su mujer. Él se declara inocente y en la única ocasión que tuvo de hablar con Maigret le pregunta: «¿Me cree usted?». Años después, Maigret sigue atormentado por el desenlace.

Maigret en la Audiencia


«De allí a dos años, no tendría que encargarse ya de los problemas de los demás. Viviría con su mujer lejos del Quai des Orfèvres y de los palacios de justicia, donde se juzga a los hombres, en una vieja casita que se parecía a una rectoral, y, durante horas, permanecería sentado en una barca amarrada a un piquete, contemplando pasar el agua y pescando con caña.» Pero ahora, Maigret esperaba a que le tomaran juramento de decir la verdad y sólo la verdad y nada más que la verdad en el Palacio de Justicia.

Maigret y los ancianos


Un anciano ex embajador ha sido muerto a tiros en su casa. No hay móviles aparentes ni nada en lo que basar una investigación. Más aún: como dice el mismo comisario Maigret en un pasaje de la novela, «todos dicen la verdad».
Y es que el fallecido tenía una característica: durante más de cuarenta años se carteó con una mujer que se había casado con otro hombre por conveniencia aristocrática; cada día, estuviera donde estuviese.
¿Podría constituir esa relación un motivo para el asesinato? Difícilmente, pues se da la circunstancia de que el marido conocía y aprobaba tal correspondencia, seguro de que ambos, su esposa y el diplomático, mantendrían su palabra de honor de no casarse hasta que él hubiera fallecido. Y porque, además, el crimen se produjo justamente dos días después del fallecimiento de este noble tan caballeresco y poco celoso.

Maigret y el ladrón perezoso


En el Bois de Boulogne aparece muerto un desvalijador de pisos, un viejo profesional con quien Maigret ha logrado unas relaciones que son casi de amistad. El muerto —Honoré Cuendet— es un palanquetero hábil, metódico. No tiene amigos, no forma parte de ninguna banda. Vive con su madre, tiene una amiga desde hace años… Cuendet es un pequeño burgués apacible y amante de las minucias cotidianas: su vaso diario de vino blanco en la taberna de siempre, la paz casi hogareña con Evelline, y de vez en cuando, para no enmohecerse, un palanquetazo con la máxima limpieza profesional. ¿Qué se esconde tras el crimen?

Maigret y las buenas personas


En Maigret y las buenas personas, Simenon nos introduce en la vida de la familia Josselin, cuyo cabeza de familia, el honrado y bondadoso propietario jubilado de una fábrica de cajas de cartón, llamado René Josselin, aparece una noche asesinado de dos balazos en el pecho. Si bien todos los indicios parecen acusar al yerno, el joven doctor Paul Fabre, Simenon aprovecha la excusa del crimen para contarnos la vie quotidienne de una familia pequeñoburguesa, a quienes todos consideran buenas personas, incapaces de tener enemigos declarados.

Maigret y el cliente del sábado


Leonard Planchon es un hombre mediocre y débil que ha comprado, a la muerte de su jefe, una pequeña empresa de pinturas, bastante próspera. Varios sábados consecutivos se le ve por la Policía Judicial esperando poder hablar con el comisario Maigret, pero yéndose antes de ser recibido. Este «cliente del sábado», como ya se le llama en el Quai des Orfèvres, se presenta un sábado también, en el domicilio de Maigret. Quiere contarle una idea que le obsesiona: matar a su mujer y a su amante, Roger Prou, un hombre que trabaja para él y que en poco menos de dos años ha tomado su lugar en su propia casa. Y encima, Planchon le frustra la cena y el programa de televisión a Maigret y su mujer.

Maigret y el extraño vagabundo


En París, dos hombres arrojan a un mendigo, gravemente herido, a las aguas del río Sena. Un marinero con fuerte acento flamenco es testigo de los hechos. Afirma haber visto a un par de hombres huyendo de la escena en un Peugeot 403 rojo. Pero el comisario Maigret no tardó en encontrar a esos dos hombres. El caso apenas está comenzando.

La furia de Maigret


La furia de Maigret es una novela policíaca de Georges Simenon publicada en 1963. Forma parte de la serie de Maigret. Fue escrita entre el 13 y el 19 de junio de 1962 en Noland, Echandens (cantón de Vaud), en Suiza. La novela fue objeto de una prepublicación del 28 de junio al 22 de julio de 1963 (a saber, 21 episodios) en el periódico Le Figaro.
Antonio Farano, gerente del «París-Strip», denuncia a Maigret la desaparición de su cuñado Emile Boulay, dueño de varios cabarets de Montmartre. Poco después, éste es encontrado estrangulado. Según la autopsia, la muerte ocurrió al menos dos días antes.
Boulay estaba al frente de tres de los cabarets y llevaba una vida familiar, sencilla y tranquila. Maigret se entera de que la víspera del día en el que Boulay había sido convocado a la sede de la policía judicial por uno de sus inspectores, había retirado 500.000 francos de su banco, un hecho totalmente en contra de sus costumbres de hombre austero; luego, la tarde de su desaparición, había llamado varias veces por teléfono sin obtener repuesta. Poco después acudió a una cita donde encontró la muerte.
¿Con quién había quedado? Poco a poco Maigret reconstruye los hechos y descubre que se sospecha que Boulay está implicado en la muerte de un chantajista. Y cuando se da cuenta de que se cita su nombre en una sórdida estafa, como si fuera un policía corrupto, su cólera estalla…

Maigret y el fantasma


Después de pasarse dos días sin dormir para atrapar a una banda de atracadores, el comisario Maigret tiene que enfrentarse casi inmediatamente a otro caso: en plena noche, en una acera de la Avenue Junot, el siempre desventurado inspector Lognon ha recibido dos balazos, su vida, en manos de los cirujanos, pende de un hilo. Al parecer, Lognon, cuya esposa lleva mucho tiempo enferma, últimamente acudía, durante sus guardias nocturnas, a casa de una jovencita que vivía en la Avenue Junot, lo que deja boquiabiertos a sus colegas. En el curso de una investigación vertiginosa. Maigret removerá cielo y tierra para solucionar este nuevo caso. Pero antes se las verá con un rico holandés de modales exquisitos, una despampanante pintora de arte abstracto, un marchante norteamericano —todos ellos relacionados con valiosas colecciones de arte—, con un anciano cuya pasión es observar indiscretamente desde su ventana… y, claro está, con un misterioso fantasma.

Maigret se defiende


Hacía más de treinta años que Maigret pertenecía a la policía judicial, hacía diez años que era el jefe de la brigada criminal, y ésta era la primera vez que lo convocaban por medio de una comunicación enviada a mano a la oficina del prefecto de policía, que claramente le tenía envidia por su popularidad entre la prensa y el público. La convocatoria era para informarle que una chiquilla, parienta de un encumbrado personaje, lo acusaba de acoso sexual. Alguien le había puesto un garlito para sacarlo de la circulación.

La paciencia de Maigret


Hacía mucho tiempo que Maigret vigilaba al viejo Palmari, de quien sospechaba que dirigía una banda de ladrones de joyas, y a su amante Aline, su único contacto con el exterior desde que había perdido el uso de las piernas. Y resulta que Palmari es asesinado. Maigret se centrará en el representante Fernand Barillard, amigo de la víctima y amante de Aline, en su mujer Mina y en el viejo padre sordomudo de ésta, Jef Claes. ¿Qué vínculos y qué conflictos han podido establecerse entre estos personajes? Dos días de investigación bastarán al comisario para coronar años de paciencia, ya veinte a decir de él mismo. Sin que logre, no obstante, impedir un segundo asesinato…

Maigret y el caso Nahour


En plena noche, el doctor Pardon avisa a su amigo Maigret: un desconocido acaba de traerle a una mujer joven, Lina, ligeramente herida por arma de fuego. Después la pareja desapareció dando una explicación muy burda de la herida… Al día siguiente, un libanés llamado Félix Nahour, jugador profesional, es encontrado asesinado en su mansión. Era nada menos que el esposo de la joven mujer, cuya pista encontró la policía en Ámsterdam, a donde huyó con su amante, Vicente, un estudiante colombiano.
¿Nahour le disparó a su mujer, como ella dice, porque quería divorciarse? ¿Debemos creer al secretario de Nahour que piensa que el asesino es, obviamente, el amante de Lina? Maigret no puede conformarse con estas explicaciones demasiado vagas. Va a necesitar toda su intuición para comprender la mentalidad de los extranjeros de los que se ocupa, y de todo su ascendente para hacerles confesar poco a poco la verdad.

El ladrón de Maigret


Personaje creado por Georges Simenon, Jules Maigret es un comisario de la policía judicial francesa, cuya forma habitual de solucionar los casos que se le presentan es «introducirse en las vidas» de aquellas personas que están en torno al suceso investigado. Es un policía tenaz, en ocasiones antipático y pedante. Resuelve sus casos mediante la comprensión de las formas de vida de sus investigados, pensando, comiendo, viviendo como ellos. A través del comisario Maigret, Simenon nos cuenta historias policiales pero sobre todo nos cuenta historias de personas, pueblos y ciudades, pequeñas historias que trascienden lo local al tratar temas universales.

 

Maigret en Vichy


El comisario Maigret está descansando en el famoso enclave de aguas medicinales de Vichy. En su aburrimiento intenta conocer los pormenores personales de la gente que se está tratando con las aguas al igual que él. Pero un asesinato se cruza en su camino, las pesquisas le llevarán a conocer un cruel y monumental engaño.

Maigret vacila


Maigret vacila es una novela policíaca de Georges Simenon publicada en 1968. Forma parte de la serie de Maigret. Su escritura se desarrolló entre el 24 y 30 de enero de 1968 en Épalinges (cantón de Vaud), Suiza.
Una carta anónima advierte a Maigret que un crimen será cometido pronto; una investigación rápida conduce a la policía a la certeza de que el papel proviene del domicilio del abogado Parendon. Este último autoriza al comisario para que investigue en su apartamento espacioso y lujoso. Durante dos días, Maigret interrogará y observará…

El amigo de infancia de Maigret


Un antiguo condiscípulo de Maigret del instituto Banville, en Moulins, León Florentin, se presenta en la Policía Judicial para contarle al comisario que Josée, su amante, ha sido asesinada de un disparo ese mismo día, en su apartamento. Le cuenta que Josée mantenía relaciones con cuatro hombres que recibía regularmente en su casa, sin que ninguno de ellos sospechara la existencia de los otros, creyéndose los únicos amantes de Josée.

Maigret y el asesino


Maigret y el asesino es una novela policíaca de Georges Simenon publicada en 1969. Forma parte de la serie de Maigret. Su escritura se desarrolló entre el 15 y 21 de abril de 1969. Hubo una publicación de una edición preoriginal en el diario Le Figaro entre el 31 de julio y 29 de agosto de 1969 (23 episodios).
La intriga se desarrolla en París. Antoine Batille, que acaba de ser asesinado de siete cuchilladas en la calle Popincourt, tenía la manía de coleccionar conversaciones con la ayuda de un magnetófono portátil, como otros hacen fotos. ¿Lo mataron porque sorprendió una conversación comprometedora? En todo caso, la escucha de la última casette grabada por el joven pone a la policía sobre la pista de una cuadrilla de ladrones de cuadros entre los que cuatro miembros son detenidos.

Maigret y el mayorista de vinos


Han asesinado a Oscar Chabut, rico negociante en vinos, y Maigret descubre que el muerto era odiado por muchas personas: desde maridos engañados hasta rivales en los negocios, amantes celosas o empleados despóticamente tratados… Nadie parece lamentar la desaparición de Chabut, ni siquiera su esposa. Pero ¿quién apretó el gatillo del arma homicida? ¿El industrial Legendre? ¿Pierre Merlot, el agente de cambio? ¿Tal vez el abogado Poupard o el ministro Thorel?
Maigret estudia motivos y coartadas.

La loca de Maigret


La loca de Maigret es una novela policíaca de Georges Simenon publicada en 1970. Forma parte de la serie de Maigret. La escritura de esta novela se realizó entre el 1 y el 7 de mayo de 1970. La obra conoció además la publicación seriada de una edición en el periódico Le Figaro del 19 de octubre al 13 de noviembre de 1970 (23 episodios).
Una vieja dama implora a Maigret que la salve de un peligro: los objetos se mueven en su casa, la seguimos… ¿Está loca? No aparenta eso. Sin embargo, Maigret se decide demasiado tarde: la anciana es estrangulada en su apartamento. ¿Homicidio sin premeditación, debido posiblemente al pánico de un ladrón? No tenía dinero. Pero rastros de aceite en un cajón señalan la desaparición de un revólver. Los sospechosos son poco numerosos: una sobrina que frecuentaba a su tía para conservar la herencia; el hijo de ésta, que lleva una vida bohemia; el amante de la sobrina, el barman apodado el Gran Marcel. La investigación hurga explorando el pasado de la vieja dama, encontrando sólo a dos maridos perfectamente inofensivos.

Maigret y el hombre solitario


El asesinato de un mendigo de aspecto distinguido es el inicio de una de las más singulares investigaciones de Maigret, quien parece más preocupado por descubrir la personalidad de la víctima que por hallar al asesino.
Maigret está convencido de que la raíz de todo está en algo que ocurrió en el pasado, y en él busca la solución del enigma, recomponiendo pacientemente las piezas de una historia que parecía olvidada.

Maigret y el confidente


Un comunicante anónimo acostumbra a telefonear a Louis, un inspector de Montmartre, dándole pistas sobre diversos delitos. Sin embargo, el misterioso confidente no interviene antes de que aparezca en la calle el cuerpo de un hombre asesinado: Maurice Marcia, antiguo proxeneta y miembro distinguido del hampa parisiense, y posteriormente convertido en una persona respetable, dueño de un restaurante famoso. Un mundo sórdido en el que todos saben y todos callan, un París peculiar y colorista en donde se desarrolla esta historia de intriga apasionante.

Maigret y monsieur Charles


Maigret y monsieur Charles es una novela policíaca de Georges Simenon escrita entre el 5 y el 11 de febrero de 1972 en Epalinges (cantón de Vaud, Suiza), y publicada el mismo año. Es la última de la serie de Maigret empezada por el escritor belga en 1930 con Pietr-le-Letton.
Fue publicada en serie como un folletín en el periódico Le Figaro, del 10 al 29 de julio 1972 (a saber, 18 episodios).
Una dama aparentemente nacida de la gran burguesía viene para pedirle a Maigret encontrar a su marido desaparecido desde más de un mes.
En el curso de su investigación, el comisario va a darse cuenta de que el hombre, desde el principio de su vida marital, llevó una vida doble: durante el día, es un notario reconocido y estimado y por la noche es un asiduo de bôites nocturnas y cabarets, bien conocido en este medio bajo la denominación de monsieur Charles.
En cuanto a su mujer, decepcionada por su matrimonio, se refugió en el alcoholismo. El cuerpo del notario es finalmente encontrado en el Sena con el cráneo hundido. Todo parece acusar a su abandonada esposa, pero otro crimen, el de un antiguo barman chulo en sus ratos libres, reactiva la investigación.

Las investigaciones de Maigret (Relatos)


Recopilación de relatos de Maigret. La edición francesa Les nouvelles enquêtes de Maigret (Gallimard, 1944) contiene 7 relatos más, que en España se editaron en otros dos libros Stan, el asesino y El enamorado de la señora Maigret.
La barca de los ahorcados. La Péniche aux deux pendus (Octubre 1936).
El caso del bulevar Beaumarchais. L’Affaire du Boulevard Beaumarchais (Octubre 1936).
La ventana abierta. La Fenêtre ouverte (Octubre 1936). Señor Lunes. Monsieur Lundi (Octubre 1936).
¡Jeumont, 51 minutos de parada! Jeumont, 51 minutes d’arrêt (Octubre 1936).
Pena de muerte. Peine de mort (Octubre 1936).
El rastro de la vela. Les Larmes de bougie (Octubre 1936).
Calle Pigalle. Rue Pigalle (Octubre 1936).
Un error de Maigret. Une erreur de Maigret (Octubre 1936).
Excepto Jeumont, 51 minutes d’arrêt el resto de relatos fueron publicados previamente en Paris-Soir-Dimanche en 1936. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Imágenes obtenidas del film  «Maigret tend un piège (1958)» (Maigret tiende una trampa) con el mejor Maigret... Jean Gabin

Torrence(Lino Ventura)
Janvier- (Raphael Patorni)
Lucas (Andre Valmy)
Louise Maigret(Jeanne Boitel)
Maigret (Jean Gabin)

Inspector Torrence-

(Lino Ventura)

Inspector Janvier (Raphael Patorni)

Inspector Lucas

(Andre Valmy)

Jules Maigret

(Jean Gabin)

Louise Maigret (Jeanne Boitel)

Quai des Orfevres de Maigret
Esclusa-o-compuerta-en-marne.JPG
Un plano de Quai des Orfebres de Maigret
Maigret tiene monumento
Jean_Gabin_encarna a Jules Maigret

Quai des Orfévres-

(Vista antigua con las barcazas tan aludidas por Maigret)

Esclusa, una de tantas en el Marne

Quai des Orfévres

(Su ubicación en París)

Jules Maigret

(Jean Gabin)

Estatua de Maigret en Delfzijl, Países Bajos)

Aqui almuerza Maigret

Rue Caulaincourt, mencionada en nada menos que 19 novelas. Allí está Le Cépage Montmartrois, donde Maigret almuerza más de una vez

El domicilio del Comisario Maigret

Bvard Richard-Lenoir al 100 donde Maigret reside en uno de los edificios que permanecen desde entonces

Maigret-Imagen tomada «Inspector-Cadáver»jpg

El «hombretón»

Jules Maigret

La  brillante historia del Quai des Orfévres, que debe su nombre a antiguos joyeros y orfébres

Libros disponibles de este personaje

 
Pietr, el Leton | Georges Simenon | Un Mundo de novela
El arriero de La Providence | Georges Simenon | Un Mundo de novela
El difunto filantropo | Georges Simenon | Un Mundo de novela
  • Twitter