Kinsey Millhone

 
 
 
 

Sinopsis

A de adulterio

 

El astuto abogado Laurence Fife, conocido también por sus escurridizas aventuras femeninas, aparece un día asesinado. En el juicio, todo conduce al jurado a pensar que su joven esposa, Nikki, es la culpable. Tras ocho años de prisión, Nikki sale en libertad bajo palabra y encarga a la detective Kinsey Millhone descubrir quién mató realmente a su marido.

A Kinsey Millhone no le asusta meterse en líos, pero éste es especialmente enmarañado porque las huellas de aquel homicidio parecen haberse esfumado con el tiempo y, por si fuera poco, otro asesinato cometido también hace ocho años y un cadáver reciente aún caliente vienen a enredarlo todo todavía más…

 

B de bestias

 

La investigadora privada Kinsey Millhone tiene problemas para llegar a fin de mes el día en que no tiene más remedio que aceptar el rutinario encargo de buscar a la hermana de Mrs. Danziger, Elaine. Ahora bien, cuando llega al apartamento de ésta y se encuentra con que lo ocupa otra enigmática mujer, cuando Mrs. Danziger le pide de pronto que abandone el caso, cuando se entera de que, pocos días antes de la desaparición de Elaine, su vecina y compañera de bridge ha sido brutalmente asesinada y su casa ha desaparecido bajo las llamas, cuando el sobrino drogadicto de ésta sabe más de lo que dice, cuando se producen misteriosos registros, extrañas ingerencias y, finalmente, otro asesinato, a la obstinada y meticulosa Kinsey Millhone el asunto le va pareciendo todo menos rutinario. Y cuanto más investiga, más se ve envuelta en un diabólico laberinto de espejos en el que nada, excepto el peligro, es en realidad lo que parece ser.

 

C de cadáver

 

Bobby Callahan, un joven reservado y con el rostro deformado que había llamado la atención de Kinsey Millhone en el gimnasio del barrio, se le acerca un día y le cuenta que, tras el accidente que le dejó amnésico y con el cuerpo zurcido de cicatrices, está convencido de que alguien quiere matarle, aunque ignore por qué. La policía se había alzado de hombros ante sus temores y su adinerada familia cree que le falta un tornillo. Pero él tiene miedo, un miedo mortal, y le pide a Kinsey que le ayude y le proteja. «Poco hay por dónde coger este caso», piensa ella, pero, como Bobby le cae bien, es obstinado y está maltrecho, acepta trabajar para él. Sin embargo, tres días después, Bobby Callahan aparece muerto… Para Kinsey Millhone, un trato es un trato, y nunca abandona un caso a medio camino. La habían contratado para impedir un asesinato; ¡ahora le toca buscar al asesino!

 

D de deuda

 

La ayuda que, en esta ocasión, le pide un tal Alvin Limardo a la investigadora privada Kinsey Millhone es más bien rutinaria: localizar a un joven que le ha hecho un favor y a quien adeuda un talón de 25.000$. Demasiado tarde se enterará Kinsey Millhone de que su verdadero nombre es John Daggett y de que, además de mentiroso, alcohólico y ex convicto, es también un fiambre más en la morgue del distrito. Los polis dicen que murió ahogado, pero Millhone se niega a creerlo. Metida en la basura que es la vida de ese muerto, pronto descubre que tenía muchos enemigos con buenas razones todos para acabar con él: la hija y la esposa, marcadas por la convivencia con un borracho, una mujer que creía ser su esposa legítima y, para colmo, detrás de los 25.000$, una banda de narcotraficantes. Pero, ante todo, están las familias de las cinco personas que John Daggett atropelló un día salvajemente en pleno estado etílico.

 

E de evidencia

 

Todo empieza en el lunes de esa semana algo tonta que media entre Navidad y Año Nuevo en el que Kinsey Millhone se encuentra empantanada en un caso de reclamación por incendio provocado. Algo le molesta, pero no consigue dar en el clavo. Para colmo, al abrir el correo de la mañana, se da cuenta de que en la propia cuenta bancaria le han ingresado erróneamente 5000 dólares. Kinsey nunca ha creído en Papá Noel y no va a cambiar de idea a estas alturas. De modo que, resignada, llama al Banco: de pronto el depósito de 5000 dólares deja de ser un error para pasar a ser un buen lío. Tras las primeras averiguaciones, Kinsey descubre que su futuro inmediato está íntimamente ligado al pasado de una familia y el explosivo secreto que la ha protegido durante veinte años. Al ahondar en el caso, descubre que poner a prueba el pasado —y más si es el de una familia— puede tener consecuencias letales, ya que se encuentra siguiendo las huellas de un crimen que conducen al umbral de su propia puerta…

 

F de fugitivo

 

Cuando Kinsey Millhone acepta trabajar para el viejo Fowler y averiguar quien mató hace diecisiete años a la jovencísima Jean, no se da cuenta enseguida de que las heridas familiares pueden ocultar tanto misterio y tanta pasión. Bailey, hijo de Fowler, había sido juzgado y declarado culpable y, tras un año de prisión, había huido y desaparecido. Fowler quiere probar la inocencia de su hijo para que pueda volver a su lado. Kinsey descubrirá que Jean era más bien ligera de cascos; sabrá donde fueron a parar los 40 000 dólares que el primer sospechoso dejó a la jovencita antes de que ella muriera; y por qué también podrían haber sido sospechosos el director de la escuela, el propietario de un jacuzzi o la chiflada de su mujer, el abogado del acusado o incluso el pastor anglicano… Entretanto la policía tropieza con el fugitivo Bailey, que vive otra vida con otro nombre. Vuelve a abrirse el caso, y todo sigue igual que la mañana en que habían encontrado el cuerpo estrangulado de Jean en las arenas de la playa.

 

G de guardaespaldas

 

La misma semana que Kinsey recupera su piso destrozado por una bomba (véase E de evidencia) y cumple 33 años ocurren dos cosas que durante un tiempo van a trastornar su vida: viajando desierto a través en su Volkswagen en busca de una anciana desaparecida, alguien desde una camioneta le vuela inesperadamente los neumáticos. Sólo entonces Kinsey se convence de que un exconvicto, a quien ella había contribuido a apresar, al salir en libertad ha ofrecido 1.500 miserables dólares por su cabeza.

Aun consciente de lo poco que vale su vida, decide no obstante contratar a Robert Dietz, un guardaespaldas, muy duro, algo introvertido y misterioso, quien —vaivenes del oficio— acaba protegiéndole algo más que la cabeza… Entretanto, si fue cosa fácil dar con la vieja bruja de Agnes Grey, bastante más complicado será descifrar los inconfesables misterios en los que va enredando cada vez más a Kinsey Millhone. ¿Adónde la conducirá esta vez su insaciable necesidad de meterse en líos?

 

H de homicidio

 

Este bien pudiera ser el caso hasta ahora más peligroso y complicado de Kinsey Millhone. El nombre de la víctima era Parnell Perkins y hasta muy poco antes de medianoche había sido gestor de reclamaciones de la compañía de seguros La Fidelidad de California, para la que también trabaja a veces Kinsey. Luego, alguien le pegó un tiro y lo dejó tieso. Kinsey había ido alguna vez de copas con Parnell y no le había parecido un mal tipo. Aun así, si dependiera de ella, no se habría metido en los líos en los que una tal Bibianna Díaz, cuyo nombre figura en los archivos de Perkins y que teme por su vida porque nadie se cruza impunemente en el camino del maníaco Raymond Maldonado, parece empeñada en arrastrarla. Pero la vida nunca es tan simple y a Kinsey le molesta dejar sin más a un compañero en la cuneta y a un asesino suelto por el mundo.

 

I de inocente

 

David Barney, acusado de matar a su riquísima mujer Isabelle, llevaba cinco años absuelto cuando aparece muerto el detective Morley Shine, encargado por Lonnie -el abogado del primer marido de Isabelle- de investigar el caso con el fin de reabrirlo e impedir que Barney se apodere definitivamente de la fortuna de su esposa. Cuando Kinsey Millhone acepta hacerse cargo del asunto, está convencida de que se trata tan sólo de atar unos cuantos cabos sueltos, ya que Shine era un viejo zorro que se las sabía todas. Pero su sorpresa es mayúscula cuando se encuentra con que los archivos de Shine están patas arriba, que su principal informante es de muy poco fiar y que sus testigos niegan haberse entrevistado con él, y, lo que es peor, que todo lo que afirma Barney para probar su inocencia resulta ser cierto. De modo que, si Barney no mató a su mujer, ¿quién lo hizo ? Le tocará a Kinsey descubrir que Isabelle Barney se había buscado a más de un enemigo…

 

J de juicio

 

Cuando encontraron el yate de Wendell Jaffe a la deriva, todo indicaba que se había tirado por la borda. No sólo lo confirmaba la nota que él había dejado, sino también su desastrosa situación financiera. Aun así, poco antes, había suscrito con la compañía para la que trabaja Kinsey Millhone un seguro de vida de quinientos mil dólares a nombre de Dana, su mujer, quien, sin embargo, al haber desaparecido el cadáver de su marido, tuvo que esperar cinco años hasta que fuera dado oficialmente por muerto.

Pero quiso el azar que un día un agente de la compañía de seguros descubriera a Jaffe en la barra de un bar miserable de la costa mexicana, justo dos meses después de que Dana cobrara el seguro de su marido. Por supuesto, la compañía quiere deshacer el entuerto y contrata a Kinsey para investigar el caso. Pero cuanto más se adentra ella en el misterio que rodea al supuesto suicidio de Wendell Jaffe, más hondo excava también en su propio pasado…

 

K de Kinsey

 

Lorna Kepler era guapa y obstinada, una solitaria a quien le gustaba coquetear con el peligro. Puede que muriera por esta razón. El caso es que, cuando encontraron su cadáver, estaba tan descompuesto que nadie pudo averiguar si había fallecido de muerte natural o no, y se archivó el caso. Sólo la madre, Janice Kepler, seguía interesada y convencida de que su hija había sido víctima de un crimen cuyo anterior autor permanecía en libertad.

Cuando Kinsey le abrió la puerta de Investigaciones Millhone, no sabía que se vería arrastrada al infierno de los crímenes impunes, en los que sólo un pacto con el diablo puede apaciguar los inquietos fantasmas de las víctimas y liberar a los vivos que aquéllas han abandonado. Grafton lleva aquí a Kinsey a una zona sombría, profundamente turbadora, en la que los asesinos andan sueltos, sin remordimientos ni castigo.

 

L de ley (o fuera de ella)

 

La detective Kinsey Millhone se aprestaba a ser dama de honor en la boda del hermano de su casero cuando, pocos días antes, acepta investigar para un vecino, Chester, por qué en los archivos militares ha desaparecido todo rastro de Johnny Lee, su padre recién fallecido y veterano de la segunda guerra mundial.

¡Adiós planes de boda!, porque, de pronto, alguien ha entrado en casa del difunto dejándolo todo patas arriba y Chester descubre, en una caja de caudales, una llave con esta misteriosa inscripción: LEY.

A partir de entonces nadie es ya quien dice ser: ni Ray Rawson, el antiguo amigo del ejército, que quiere alquilar la casa; ni Gilbert Hays, a quien Kinsey sorprende llevándose una bolsa de la casa de Lee; ni Laura Huckaby, la mujer a quien aquél entrega la bolsa.

A Kinsey no le queda más remedio que emprender una salvaje odisea en la que, para desenredar la madeja, acabará pasando por cualquier cosa, menos por detective…

 

M de maldad

 

Malek, un magnate de la construcción, ha muerto dejando una inmensa fortuna y tres de sus cuatro hijos se preparan para repartírsela. El cuarto, Guy, ha desaparecido hace años y nadie ha tenido nunca mucho interés en saber dónde está, porque, en realidad, lo consideran todos la oveja negra de la familia, un auténtico mal bicho, antiguo hippy y drogadicto.

Una prima de Kinsey Millhone, que trabaja en un bufete especializado en testamentos y propiedad inmobiliaria, debe encontrar a toda costa a Guy y, como sospecha que éste ha destruido el último testamento del viejo Malek en el que se le deshereda, naturalmente recurre a Kinsey para que lo encuentre.

Kinsey está acostumbrada a este tipo de trabajitos y encontrar a Guy es para ella pan comido. Lo duro viene a continuación, porque, ya se sabe, donde hay dinero…

 

N de nudo

 

La viuda de Tom Newquist contrata los servicios de Kinsey Millhone para que averigüe qué le sucedía a su marido antes de su muerte. Tom, ayudante del sheriff en Nota Lake, había sido un hombre honesto y respetado por todos, de vida un tanto malsana y poco amigo del deporte, que, a punto de jubilarse, muere de un paro cardíaco. Sin embargo, en los últimos tiempos su comportamiento había sido algo extraño: ¿qué le inquietaba por las noches, qué amenaza parecía atormentarle?

Tras muchas entrevistas en un pueblo de gente reacia a hablar del asunto, Kinsey descubrirá que Tom tenía entre manos la investigación de dos casos, separados en el tiempo, de hombres que aparecieron ahorcados en parecidas circunstancias. Como le revelarán algunas pistas a primera vista insignificantes, en los últimos días de su vida Tom parecía haber echado el lazo a un sospechoso. A Kinsey le tocará apretar el nudo…

 

O de odio

 

Como buena investigadora privada, Kinsey Millhone siente una curiosidad innata por todo. Por eso, cuando recibe la llamada de un tipo que le ofrece una caja llena de papeles que ha obtenido en una subasta -y en los cuales aparece escrito el nombre de Kinsey-, no puede resistirse y los compra. Entre otras cosas, Kinsey encuentra una carta dirigida a ella hace quince años y que jamás recibió, que la hará revivir la trágica separación de su primer marido y entonces compañero en la policía, Mickey Magruder, cuando éste fue acusado de asesinato. A pesar de que jamás pudo probarse su culpabilidad, la acusación destrozó la vida de Mickey, y ahora a Kinsey le remuerde la conciencia porque la carta revela ciertos detalles sobre ese asesinato no resuelto, en cuyo desenlace ella podría haber intervenido. Obsesionada con el caso, Kinsey pondrá una vez más en peligro su vida para descubrir la verdad.

 

P de peligro

 

Nadie puede explicarse por qué Down Purcell, un reputado especialista en medicina geriátrica de Santa Teresa (California), lleva desaparecido desde hace nueve semanas. Purcell está aparentemente muy enamorado de Crystal, su segunda esposa, una ex bailarina de strip-tease. Pero lo curioso es que es Fiona, su primera esposa, quien contrata a Kinsey Millhone, convencida de que, en realidad, Purcell quería huir de Crystal.

La detective no tarda en averiguar que hay otras posibilidades mucho más tétricas: ¿se ha esfumado Purcell para eludir alguna cuenta pendiente con la justicia?, ¿tiene algo que ver el millón de dólares que Fiona cobraría del seguro si fallece su ex marido? Durante la investigación, Kinsey conoce a uno de los hermanos Hevener, y se ilusiona pensando que puede haber novedades en su vida. Lo que ignora es que esas novedades son en realidad de muy distinta y amenazadora naturaleza…

 

Q de quién

 

Corre el verano de 1969, con sus furgonetas llenas de hippies, pantalones de campana, sexo, drogas y las manifestaciones criminológicas contaban con una tecnología bastante primitiva en comparación con los medios actuales. En una cantera próxima a la autopista, la policía encuentra el cadáver en estado de descomposición de una mujer, con las manos atadas, varias puñaladas y degollada.

En el curso de la investigación, los agentes encargados del caso ni siquiera logran averiguar quién era esa mujer, pues apenas hay pistas, y el crimen queda sin resolver. Dieciocho años después, y a punto de jubilarse, los dos policías que encontraron el cadáver quieren, al menos, identificar a la mujer. Piden ayuda a la detective Kinsey Millhone, pero volver al pasado entraña sus riesgos, y lo que comienza como una indagación en torno a la identidad del cadáver termina convirtiéndose en la peligrosa búsqueda del asesino.

 

R de rebelde

 

Nord Lafferty contrata los servicios de la detective Kinsey Millhone para un trabajo sencillo y bien remunerado: custodiar a Reba, su única y rebelde hija, que está a punto de conseguir la libertad condicional tras cumplir dos años de condena por estafa. Kinsey deberá recogerla en la cárcel, llevarla a casa y asegurarse de que se reintegra a su vida acomodada. Pero Reba Lafferty no es una chica fácil, sino todo lo contrario: bebedora empedernida, fumadora compulsiva, jugadora impenitente y adicta a todo tipo de vicios.

Para acabar de complicarle las cosas a Kinsey, la misma noche en que sale de la cárcel, Reba se reencuentra con Alan Beckwith, el hombre que fue a la vez su víctima y su verdugo: ella lo estafó y él la denunció. Pero el pasado no ha hecho mella en los sentimientos de la exconvicta, que, después de una separación forzosa, quiere reanudar su pasión con el mismo ardor de otros tiempos.

 

S de silencio

 

Si los casos de personas desaparecidas ya son de por sí arduos para cualquier investigador, cuando la desaparición se ha producido hace treinta y cuatro años el trabajo se convierte casi en una misión imposible. Ése es precisamente el reto al que se enfrenta la detective Kinsey Millhone en esta ocasión. Violet Sullivan fue vista por última vez el Cuatro de Julio de 1953. Atrás deja una hija de siete años, Daisy, un esposo sumido en la desesperación, y un hervidero de rumores sobre su escandalosa vida sentimental. En «Serena Station», el pequeño pueblo californiano donde ocurren los hechos, las opiniones están divididas: unos piensan que Violet, mujer bonita y promiscua, se ha fugado con un amante; otros dan por sentado que el marido, un alcohólico proclive a la violencia y a los malos tratos, ha puesto fin a los engaños de Violet de manera drástica y ha ocultado después su coche y su cadáver en algún lugar secreto.

Es Daisy, la hija abandonada, quien en 1987 decide esclarecer las circunstancias de ese trauma infantil que ha marcado su vida. A sus cuarenta y un años, necesita saber a toda costa si su madre se fue por voluntad propia o no. Pero en cuanto Kinsey empieza a remover el pasado, el resentimiento muestra su cara más cruel.

 

T de trampa

 

Es el mes de diciembre, y Kinsey Millhone atraviesa una época de calma. Tiene entre manos un caso rutinario: una colisión entre dos vehículos, que ha de investigar para el abogado Lowell Effinger. Sin embargo, a medida que avanza en sus pesquisas, empieza a sospechar que la mayoría de los implicados, incluidos los testigos, no son lo que parecen. Además, la tranquilidad de Kinsey se ve perturbada cuando Gus Vronsky, un vecino que no se distingue precisamente por su amabilidad ni su buen humor, sufre una caída y no puede valerse por sí mismo; contrata entonces a Solana Rojas, una enfermera que habrá de cuidarlo y tras cuya aparición Gus parece ir de mal en peor. Para colmo, Henry, el octogenario casero de Kinsey, se echa novia e insiste en que la detective le dé su opinión.

Inmersa de pronto en todos estos asuntos que no le dan respiro, Kinsey se ve obligada a agudizar su olfato de investigadora, pues tendrá que lidiar con peligrosos psicópatas, con desaprensivos inquilinos y caseros y con ciudadanos aparentemente honestos que, de una manera u otra, hacen trampa y ocultan una identidad irredenta.

 

U de ultimátum

 

En abril de 1988, un mes antes de que Kinsey Millhone cumpla treinta y ocho años, un joven llamado Michael Sutton y con pinta de no haber matado una mosca acude a la investigadora para hablarle de un antiguo caso jamás resuelto. Más de dos décadas atrás, en 1967, una niña de cuatro años fue secuestrada, y ahora una noticia aparecida en un periódico ha reavivado los recuerdos de Michael: éste cree que, cuando él era pequeño, vio cómo enterraban el cadáver de esa niña y que podría identificar a quienes la asesinaron. Quiere que Kinsey le ayude a localizar la tumba y encontrar a los asesinos.

Ardua tarea, sobre todo porque han pasado más de veinte años, pero Sutton es insistente y, pese a sus dudas, Kinsey acepta dedicarle un día, sólo un día, de su tiempo. Pronto, sin embargo, descubre que Sutton es, como mínimo, un poco fantasioso y, lo más importante, que le oculta información sobre sí mismo. ¿Son sus recuerdos ciertos, o simplemente una mentira más de una larga lista de falsedades?

 

V de venganza

 

La detective Kinsey Millhone se enfrenta a un complicado y peligroso entramado de casos. Mientras una mujer de turbio pasado se suicida en circunstancias extrañas, un chico consentido acuciado por las deudas de juego cree poder burlar al sistema, y la vida de una joven encantadora está a punto de partirse en mil pedazos.

Pero, además, Kinsey se topa con una red de ladronas profesionales que trabajan para la mafia; con un marido infiel, rico y despiadado; con un policía corrupto tan afianzado en su cargo que se ha vuelto inmune a las denuncias; con un gángster siniestro, brutal y sin conciencia; y con un viudo solitario que llora la muerte de su amante, desesperado por obtener respuestas que podrían ser mucho peores que el dolor de su pérdida.

Para colmo, como regalo al cumplir treinta y ocho años, Kinsey recibe un puñetazo que le destroza media cara.

 

W de Whisky

 

En un lapso de apenas seis semanas, en Santa Teresa aparecen los cadáveres de dos hombres. Al primero, un investigador privado de dudosa reputación llamado Pete Wolinski, lo habían matado a tiros en lo que parecía un atraco de trágico final. El segundo, un sintecho fallecido por causas naturales, apareció en la playa y no llevaba encima ningún documento que acreditara su identidad; sólo le encontraron un papelito en el bolsillo del pantalón con el nombre y el número de la detective privada Kinsey Millhone, a quien pidieron desde la oficina del coroner que se acercara a la morgue para intentar identificarlo. Sin embargo, a medida que la investigadora va adentrándose en el misterio del muerto sin nombre, afloran algunas conexiones sumamente extrañas entre las dos muertes. Kinsey tendrá que desentrañar la identidad del fallecido, y resolver así al menos uno de los enigmas… En este relato de múltiples tramas, con saltos al pasado, las aguas parecen calmas en la superficie, pero las profundidades ocultan traiciones, malentendidos y fraudes de fatales consecuencias. Kinsey, muy a su pesar, se verá envuelta en una situación sumamente comprometida.

 

X de rayos X

 

Una mujer adinerada contrata a la investigadora privada Kinsey Millhone para que actúe de intermediaria y haga llegar a otra persona, casualmente un preso recién puesto en libertad, cierta cantidad de dinero. Sin embargo, cuando ya ha cumplido el encargo, e incluso ya ha cobrado por él, Kinsey empieza a descubrir que, tal vez, nada es lo que parecía. No bien empieza a investigar más sobre la misteriosa mujer, debe atender otro asunto: la viuda de Pete Wolinsky, el detective protagonista de W de whisky, le pide ayuda con cierto papeleo burocrático; entre los documentos, Kinsey encuentra un listado de números aparentemente incomprensibles, y de inmediato querrá lanzarse a descifrarlos. Todo ello, además del robo de un cuadro perpetrado décadas atrás, acabará poniéndola en el punto de mira de alguien peligroso. Alguien siniestro. Alguien letal, que no deja rastro de sus crímenes. En su nuevo caso, Kinsey Millhone juega a múltiples bandas, ignorando hasta qué punto está metiéndose ingenuamente en la boca del lobo.

Y is for Yesterday

En 1979, una fiesta de compañeros de un prestigioso instituto de Santa Teresa, regada con mucho alcohol y cuyo ambiente fue tensándose, terminó, trágicamente, con el asesinato de una joven; después del juicio, dos de los adolescentes entraron en prisión, pero un tercero, el cabecilla y quizá instigador del crimen, huyó. Diez años después, en 1989, cuando sale de la cárcel uno de los condenados, llamado Fritz McCabe, empiezan a aflorar otros asuntos turbios relacionados con el pasado de esos adolescentes, y Fritz recibe una amenaza de chantaje. La adinerada familia de este contrata entonces a Kinsey Millhone para que les ayude a descubrir al chantajista.
Pero la detective, además, tiene que lidiar con un asunto pendiente: al parecer, Ned Lowe, un asesino buscado por la policía, y que ya atacó a Kinsey en X de rayos X, ha regresado para acecharla. Y está muy cerca.

 

 
 
 
 
 

Un podio para Kinsey Millhone. Nuestro personaje se destaca como una de las grandes revelaciones en la novela negra desde su aparición en el año 1982 de la mano de Sue Grafton, su creadora. Tiene 31 años al irrumpir en este selecto mundo de los detectives, vive en un imaginario pueblo californiano llamado Santa Teresa ubicado a ciento cincuenta kilómetros al norte de Los Ángeles, mide 1,70 y pesa unos 53 kg que le otorgan una esbelta figura aunque poco le importa pues le da cero relevancia a su arreglo personal ya que de costumbre no se maquilla, es su propia peluquera con herramientas caseras, viste vaqueros con alguna camisa y zapatillas de correr y como ella misma define, "con la clara voz musical que me caracteriza".

Lleva en el asiento trasero del auto un baúl con ropas de repuesto del mismo estilo, como ella misma detalla, siempre unas bragas de repuesto y un vestido multiuso que no se arruga y no se le notan las manchas para ocasiones especiales o para asistir a algún evento. Tiene por costumbre correr 5 millas diarias para mantener a raya su dieta de fritos y embutidos ricas en colesterol que constituye su principal vianda además de lo que se alimenta en los McDonald y también en lo de su extraña amiga húngara Rosie, dueña de una rotisería cercana a su casa. Toma vino blanco preferentemente Chardonnay y no fuma.

Al Iniciar su carrera posee una sucesión de desvencijados pero fieles Volkswagen "Escarabajo", su compañero de correrías y presente en todas las ocasiones hasta su propio final cediéndole paso a su sucesor... un Mustang Grabber azul de 1970.

El pasado de Kinsey Millhone está presente en el inicio de cada uno de sus nuevos casos donde ella misma nos cuenta de su horfandad a partir de los 5 años debido al accidente automovilístico que mató a sus padres y le dejó como única sobreviviente al cuidado de una tía llamada Gin, la hermana de su madre. Muy estricta, complicada a la hora de mostrar afecto o cariño, supo inculcarle a Kinsey valores, sentido de la independencia y lo que sería la base de su profesión... autosuficiencia. También nos cuenta acerca de sus dos divorcios, su determinación a no dejarse lastimar sentimentalmente nunca más y de su añoranza, nostalgia diría yo, del regazo de su madre y la vida familiar que le cercenaron siendo tan pequeña. Su infancia fue terrible por su extrema sensibilidad considerando ella misma su paso por la escuela un infierno acentuándose su aislamiento e introversión. La suma de estas viscicitudes, desgracias, aciertos y experiencias al fin construyeron para nuestro deleite a la investigadora privada Kinsey Millhone.

Semejante a su colega de Chicago, V.I.Warshawski, tiene un jubilado vecino, en este caso dueño de toda la propiedad a quien Kinsey le alquilara primero un garage y luego una reforma construida allí  mismo dispuesto a pelear por ella si se presenta la ocasión, celoso como un novio, posesivo y servicial un poco por demás compartiendo una extraña relación platónica... se trata de Henry Pitts y tiene 89 añitos, bien llevados, alto, delgado y con profundos ojos azules y en actividad. Henry, panadero jubilado, recrea su tiempo horneando exquisitos bollos de panadería en su casa y creando crucigramas para algunos pasquines locales que se entregan en estaciones y comercios. Acerca de las semejanzas me he explayado un poco más en la página dedicada a Sue Grafton, la autora.
Pues bien, hasta aquí su entorno, su pasado y su presencia, ¿pero qué podemos decir acerca de su trabajo? Kinsey comparte su trabajo de investigadora privada con un desempeño en la compañía de seguros La Fidelidad de California. Al principio fue empleada de esta compañía pero ahora le resuelve algunos casos de reclamaciones a cambio de una oficina que ellos le cedieron en sus instalaciones.
Tanto en la  La Fidelidad de California como en sus casos privados Kinsey es netamente intuitiva, perspicaz y terriblemente pertinaz en la resolución de sus objetivos. Casi siempre ésta característica le significa ganarse magullones y hasta algún disparo pero siempre va para adelante y no escarmienta. Es una mujer de principios y de valores, aunque repetidamente habla de su demonio interior incitándola a invadir propiedad ajena o llevarse algunos sobres de correspondencia ajena con la sóla finalidad de esclarecer un caso y bueno... a veces sucumbe y dios mío... testaruda como pocas. Realiza su minuta para el cliente con extrema fidelidad y corrección reintegrando los importes no utilizados aunque ella misma se considera una mentirosa consuetudinaria e incurable pero no utiliza esta cualidad para perjudicar a sus clientes sino para zafar de algunas situaciones o como herramientas para resolver sus casos. Es metódica, analista y lleva sus registros en fichas de cartulina escritas con su máquina de escribir Smith-Corona a las que actualiza permanentemente. Sus historias transcurren siempre en la década de los 80. No hay internet, celulares ni mundo digital. Mientras nosotros envejecemos Kinsey se mantiene dentro de sus treinta y pico años, alcanzando hacia las últimas obras los 38 años. En sus historias recorre este pueblo imaginario, Santa Teresa, como si se tratase de una gran ciudad describiéndonos y adentrándonos en sus secretos, lugares cálidos y acogedores y otros tenebrosos. Consigue en cada nuevo caso un revolcón con algún ocasional novio que no alcanza para cambiar el presente de independencia y soledad que le caracteriza.

 

Expresiones de Kinsey Millhone extraídas de sus propias historias que caracterizan de lleno su peculiar caracter y visión de algunas cosas importantes del mundo que nos rodea a todos

Kinsey y el amor

Lo malo del amor es el vacío que deja cuando se acaba… frase que resume todas las canciones country que se hayan compuesto en este mundo…

Kinsey y sus creencias religiosas

La religión institucionalizada dejó de interesarme a los cinco años por
culpa de una profesora de catecismo a la que le salían pelos de la nariz y le
apestaba el aliento. (...) Lo que yo quería era otra lámina de cromos adhesivos.
Al Niño Jesús se le podía poner pelusa en la espalda, pegarlo en mitad del
cielo igual que un pájaro y que arrojara bombas sobre el pesebre.
(...) Un rasgo característico de los baptistas era que no malgastaban el dinero
de la parroquia contratando arquitectos. (...) Había vidrieras decoradas con
imágenes estereotipadas en las que se veía a Jesús con una especie de camisón
que le llegaba hasta los tobillos; si se hubiera presentado con aquella
indumentaria en el pueblo, lo habrían matado a pedradas. A sus pies se
encontraban los apóstoles, todos con la cabeza cubierta de rizos innegablemente
femeninos y mirándole con cara de bobos. ¿Se afeitaban los tíos en aquella
época? De pequeña nadie sabía responderme, cuando hacía estas preguntas. (...) 
June Haws interpretaba al órgano un himno que traía a la memoria las pujas económicas de las teleseries matutinas.

Kinsey y las armas pequeñas:

Los aficionados a las armas desprecian las pistolas de seis milímetros
porque creen que un arma que no abre un boquete como un puño en un tabique no
vale para nada. Que un proyectil de seis milímetros de diámetro os perfore las
tripas y veréis qué gusto da. Rebotará en el hueso como un auto de choque en
miniatura y desgarrará todos los órganos que se le pongan por delante.

Kinsey y la naturaleza:

Me revienta el campo. Lo detesto. ¿Sabéis qué es la naturaleza? Palos,
tierra sucia, raíces para tropezar, agujeros para perder pie y caerse, bichos
que muerden, bichos que pican y promitivismos sin cuento que ningún catálogo
agotaría. Y no soy la única que piensa así. Venimos construyendo ciudades desde
que Noé salió del arca única y exclusivamente para huir de tanta inmundicia. Por
eso enviamos ahora cohetes a la luna y otros lugares desiertos donde nada crece
y donde se puede levantar una piedra con toda tranquilidad sin que te salte un
bicho a la cara. Por lo que a mí respecta, cuanto antes lleguemos, mejor.

Kinsey y ser mujer:

El único inconveniente de ser mujer es que no hay más remedio que mear
agachada.

Kinsey y la mentira

Me paso la vida mintiendo. Una mentira más no podía molestar a nadie.
Me lo estaba pasando genial! Y es que las mentiras me salen sin proponérmelo siquiera. (...)
Tenía que vigilar mis propias palabras porque tampoco quería dar a entender que lo ignoraba todo al respecto. (...)
Aunque no soy reacia a mentir cuando hace falta, nunca lo hago cuando pueden pillarme. A la gente le sienta muy mal que la engañen...

Soy embustera por naturaleza; sé que es una cualidad humilde, pero la cultivo. Probablemente sé más sobre el arte de mentir que la mitad de los habitantes del planeta.

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Acerca de Santa Teresa se presume que parodia a Santa Bárbara, lugar al que Sue Grafton le tiene especial cariño, visita asiduamente y tiene muchos puntos físicos y geográficos en común con Santa Teresa, uno de ellos es estar ubicada a unos 150km al norte de Los Ángeles siguiendo la costa californiana.

 

Mi parecer

Ya hice mención la similitud existente entre Warshawski y Millhone. Están en el podio de las investigadoras independientes. Con Kinsey se agudizan los sarcasmos e ironías acerca de los personajes, situaciones y de la propia Kinsey. Sus historias son rápidas, sin rodeos y muy entretenidas. Es verdaderamente un placer adentrarse en las historias de este personaje lleno de vitalidad, decisión y capacidad investigativa a la vez que se puede ser tan femenina e inocente a la vez.

Kinsey Millhone, un gran personaje de la novela negra.

Serie

  1. A de adulterio ("A" Is for Alibi, 1983)   

  2.  B de bestias ("B" Is for Burglar, 1985)  

  3.  C de cadáver ("C" Is for Corpse, 1986)  

  4.  D de deuda ("D" Is for Deadbeat, 1987)

  5.  E de evidencia ("E" Is for Evidence, 1988)

  6.  F de fugitivo ("F" Is for Fugitive, 1989)

  7.  G de guardaespaldas ("G" Is for Gumshoe, 1990)

  8.  H de homicidio ("H" Is for Homicide, 1991)

  9.  I de inocente ("I" Is for Innocent, 1992)

  10.  J de juicio ("J" Is for Judgment, 1993)

  11.  K de Kinsey ("K" Is for Killer, 1994)

  12.  L de ley (o fuera de ella) ("L" Is for Lawless, 1995)

  13.  M de maldad ("M" Is for Malice, 1996)

  14.  N de nudo ("N" Is for Noose, 1998)

  15.  O de odio ("O" Is for Outlaw, 1999)

  16.  P de peligro ("P" Is for Peril, 2001)

  17.  Q de quién ("Q" Is for Quarry, 2002)

  18.  R de rebelde ("R" Is for Ricochet, 2004)

  19.  S de silencio ("S" Is for Silence, 2005)

  20.  T de trampa ("T" Is for Trespass, 2007)

  21.  U de ultimátum ("U" Is for Undertow, 2009)

  22.  V de venganza ("V" is for Vengeance, 2011)

  23.  W de Whisky ("W" is for Wasted, 2013)

  24.  X de rayos X  (X, 2015

  25.  Y de Yesterday ("Y"  is for Yesterday, 2017) 

 
 
 
 
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