Importante personaje
Los personajes de Un mundo de novela

Berta Mir

Un volcán en erupción... así es Berta Mir. Esta joya adolescente es autora, cantante, bajista en un grupo y ahora también investigadora aficionada a puro coraje y de temible intrepidez.

Aún es menor de edad cuando tiene que cargar sobre sus espaldas la responsabilidad de un padre vegetativo a causa de un accidente provocado mientras trabajaba como detective para su agencia. Mir era su propio jefe, el único miembro de esa agencia y le alcanzaba para mantener dignamente a su familia y a la vez crearse un cierto prestigio como investigador en Barcelona.
La vida tiene esas vueltas... hoy está todo bien alrededor y momentos después se está tambaleando en medio de un terremoto más un cataclismo que decidieron juntarse para destruir una vida o una familia.
Berta Mir, aún menor de edad, no se deja amilanar por las desventuras y decide sin tener la menor idea, reemplazar a su padre en la agencia para tratar de tener dinero para la pequeña familia compuesta por su abuela, madre del detective, su padre ahora postrado y demandante de muchos gastos y también para ella misma pensando en invertir en su futuro como integrante de una banda musical aún en ciernes.
Berta Mir es muy inteligente... lo dicen sus notas escolares, su principiante carrera como cantante y ahora lo demuestra reemplazando a su padre con el artilugio a veces creíble y otras no tanto, «el señor Mir trabaja de incógnito y yo soy su enlace».
Y ahí va lanzada a esclarecer casos con tal de hacerse un poco de dinero, no sin antes resolver su primer caso... el falso accidente que sufrió su padre y que lo dejara paralizado cuello para abajo de por vida, salvo una de sus manos con las que haciendo señas en la palma ajena logra comunicar alguna frase o sentimiento.
Las andanzas de Berta tienen un sinfín de matices. Es mucho más que una serie juvenil para juveniles. Encontramos en sus historias mensajes y meta mensajes acerca del sentir juvenil, la familia, el trabajo, la vocación, el sufrimiento, la lealtad y en gran medida la solidaridad y la empatía.
Soslayadamente, el Autor de la serie, Sierra i Fabra, alecciona acerca de la imperiosa necesidad de los jóvenes de contar con pilares genuinos para afrontar todas las crisis que ese estadio del desarrollo les impone, los que afortunadamente Berta Mir tiene... principalmente su padre; aun en estado vegetativo mediante señas logra comunicar algún conocimiento a su hija. Sus enseñanzas durante años impartidas como axiomas, frases sueltas o consejos pensados para una hija adolescente, ahora resuenan como con altavoces en la mente de Berta, como una luz que ilumina una muy oscura carretera, la misma que lleva al desastre si no se toman las decisiones correctas.
Su abuela, estoica y cabeza dura ahora sufriente en silencio no sin dejar de alentar y cuidar a su nieta.
El grupo musical al que pertenece, el cual ha ido creciendo conjuntamente con su propio crecimiento personal y ahora es su segunda familia, fuente de esperanzas y expectativas.
Sus propios renunciamientos también son pilares que apuntalan su desarrollo, algunos muy complicados pero tomados serenamente y con decisión.

Berta Mir no tiene formación como detective a la que reemplaza con sobrada eficiencia con su talento innato, inteligencia y gran audacia pero todos estos atributos también le juegan en su contra al solidarizarse y comprometerse emocionalmente con sus clientes. De las derivaciones de estas actitudes llega la frase acuñada por ella misma "petarda metomentodo".
Ha querido el Autor, incluir en las historias de Berta Mir un ángel de la guarda, un inspector de policía que pasa por diferentes estados de ánimo respecto a Berta... al principio siente cierta solidaridad por ella al conocer la triste realidad por la que atraviesa, luego indignación al descubrir que Berta la juega de detective a sus espaldas, horror cuando debe intervenir para salvarle la vida al descubrir con qué clase de mafiosos se estaba enfrentando y finalmente de admiración y cariño por este personaje que no sólo resuelve casos en serio, sino que además ahora da lecciones de cómo hacerlo.
Berta Mir crece... crece en todas direcciones. Emocionalmente, físicamente, profesionalmente como detective y también como músico dentro del grupo. Su voz cautiva, como toda su persona.
En sus andanzas somos copilotos virtuales de su "vespino", la moto que utiliza para trasladarse a todas partes en esta inquietante Barcelona tan bien descripta en estas entregas.
Berta Mir es un oasis entre tanta novela negra. Improvisa sin vueltas ya que no le queda otra, pero además enseña a improvisar como forma criteriosa pero fundamental a la hora de progresar en cualquier ámbito.
No se oculta ninguna de las emociones y sentimientos humanos, desde la alegría, euforia hasta frustración extrema o prolongada tristeza, así como la bronca, odio, picardía, esperanza, desazón y hasta romanticismo.
Gracias Jordi Sierra i Fabra por este queridísimo personaje que me ha cautivado y del que quisiera continuar leyendo más y más.