Importante personaje
Los personajes de Un mundo de novela

Mathew «Matt» Scudder

Matthew Scudder fue poli y de los buenos. Trabajó 15 años como policía en Nueva York, en la comisaría 6ª del Village y en la 7-8 de Brooklyn. Curtido nada menos que en las calles de Nueva York no hay nada que no sepa de su oficio, lo bueno y lo malo. Los trucos, las negruras, las miserias humanas de todos los bandos y aún seguía siendo policía por convicción. Había que mantener las calles lo más limpias posible de las lacras que las inundan.
Sin embargo un día su mundo con él adentro se derrumbó. En 1973, durante un tiroteo en Washington Heighs mató a un ladrón y accidentalmente una bala perdida le quita la vida a una niña inocente de 7 años llamada Estrellita Rivera. Fue el fin. No pudo continuar como policía aún cuando no se formularon cargos contra él, es más, elogiaron su labor y a la fecha siguen esperando su reincorporación. Imposible... no solamente abandonó el cuerpo de NYDP, también se alejó de su mujer, Anita y sus dos hijos quienes quedaron en su casa de Syosset (Long Island).
Ahora por toda compañía tiene su bourbon, una prostituta, un dudoso amigo delincuente y toneladas de café para neutralizar el alcohol mientras vive espartanamente en el hotel Northwestern en la 57 oeste, entre la 8ª y la 9ª. Entonces sin placa y sin licencia para investigar es un don nadie que vive de "hacer favores" como él dice. Olisquea por aquí y por allá cuando desde el departamento de policía le envían algún tipo que quiere algo más de la investigación y sabe que Matt después les "devuelve" el favor. O ayuda algún amigo con algún rollo. Pero aún en esta posición su alma sigue siendo la de un policía.
Siguiéndolo a él atravesamos ésta ciudad con sus 8 millones de habitantes de punta a punta y a toda hora, de día o de madrugada pasando por todos los barrios, callejuelas, boliches, bares, prostíbulos, estaciones y puentes mientras los graffitis nos acompañan en esta odisea entre los años 1975 y 1992. Sus casos se resuelven solamente porque es tremendamente persistente; acosa, pregunta, sigue, llama sin dejar tecla por tocar y vuelve a llamar con sus comunicaciones de 10c. Es hombre parco, de muy pocas palabras y sus preguntas casi interrogatorios son directas a veces como un cross a la mandíbula o a la boca del estómago. Considera que no necesita mucho dinero para vivir: su andar es económico, sus gastos y vicios no le insumen mucho dinero.
Lawrence Block nos impone un personaje complicado en su naturaleza, con profundos conocimientos del ser humano y sus miserias ganados en la calle como si ésta fuera la Escuela Superior de Psicología o un Máster.
Sabe que la gente es siempre corrupta en algún punto y él las diferencia por escalas. No hay nada malo que él devuelva en metálico un favor que le hicieron pero es realmente malo si induce a un enriquecimiento o a cometer un delito ni hablar de un asesinato, un delito para él imposible de ignorar. Él mismo se considera corrupto aunque todos saben que es confiable, fiel y recto al extremo.
Al igual que Sherlock Holmes y otros investigadores Matt Scuder suele apropiarse de la ley y ser juez, jurado y verdugo cuando se dificulta llevar al criminal confeso ante la Ley o al contrario cree que la ley no será lo suficientemente justa con el reo y lo libera. Su dureza y fortaleza más externa que interna suele doblegar al criminal hasta llegar a suicidarse bajo su influjo. Es contradictorio en sus sentimientos, un clásico en hombres atormentados por mil demonios a lo que solemos llamar conciencia. Sus leyes internas y morales están por encima de las sociales. Él mismo confusamente no sabe a veces cómo ubicarse delante la realidad cotidiana.
No es religioso pero va a la iglesia a cobijarse y hallar paz en su inmenso silencio para reflexionar mientras deja en la alcancía un 10% de sus ganancias para que el párroco le dé el destino que quiera. Prende velas por sus afectos fallecidos sin olvidar a la niña a la que dio muerte y a otros muertos que lleva sobre sus espaldas aunque nadie puede convencerle que hizo lo que tenía que hacer. Se acuerda de su esposa e hijos y les envía el dinero que puede.
Finalmente, Lawrence Block lleva a su personaje a alcohólicos anónimos hacia el fin de la quinta entrega "Ocho millones de maneras de morir" (1982) y pretendió cerrar la serie. No pudo. No importan las razones, serán siempre subjetivas y Matt Scudder vuelve a la vida con la historia corta "Por las primeras luces del amanecer" (1984) siendo luego ganador al premio Shamus al mejor cuento de 1985 y pie del nuevo lanzamiento de la serie.
Un excelente personaje con todas las características para ser considerado uno de los mejores en su género. Sus historias son originales, fehacientes y narradas impecablemente. La imagen neoyorquina que nos devuelve es real, contemporánea y creíble. Sus historias se leen rápido, son amenas y también golpean. Te golpeará su cínica visión de las cosas, su escepticismo y su ironía aún sobre los temas más sensibles. Aunque estés distante de la vida y experiencia de Matt sus reflexiones no se hallan lejos a la de cualquier humano como tú o yo mismo sólo que él las expresa, te las dice en la cara. No se olvidan fácilmente sus casos y luego de leerlos te saltarán a la mente para asociarlos con otras novelas negras que puedas leer no importa de quién o de que autor.
La imagen del personaje corresponde al actor norirlandés Liam Neeson protagonista como Matt Scudder en la versión fílmica de la obra «Caminando entre tumbas», (A Walk Among the Tombstones, 1992).
Respecto a la figura de este actor, nos relata el director Scott Frank: "Cuando al fin pudimos contar con Liam Neeson, Lawrence Block quedó encantado, porque era la clase de hombre que siempre había imaginado como Matt Scudder. Mereció la pena la espera, porque acabó consiguiendo exactamente a la persona que quería para su personaje".