Philip Marlowe

Philip Marlowe es un detective privado ficticio, creado por Raymond Chandler en sus novelas, incluyendo El sueño eterno y El largo adiós. Marlowe apareció inicialmente en una historia corta, llamada «Finger Man» («El confidente»), publicada en 1934. En esta aparición, sin embargo, Chandler no había desarrollado aún las características que se convertirían en su marca personal, y es difícil distinguirlo de otros personajes de Chandler, como John Dalmas o Carmady. Posteriormente, como se ve en sus siguientes novelas, Marlowe vive en Los Ángeles, mientras que en Finger Man habitaba en la ficticia ciudad de San Angelo.

Marlowe es un personaje típico de la novela estadounidense de detectives, iniciada por Dashiell Hammett y la revista Black Mask en la década de los 1920, donde los detectives privados eran observadores pesimistas y cínicos de una sociedad corrupta, aunque tanto Marlowe como otro duro detective, el Sam Spade de Hammett, persisten en su deslustrado idealismo. Marlow asume desde el principio el estilo que va desde un Philip Marlowe violento a complaciente, pausado y sarcástico que vuelve en violentos a sus contrincantes ya sean éstos policías, clientes o mafiosos, solitario en extremo sólo acompañado por whisky, tabaco y sus embrollos.

Sus compañías cuando decide aclarar su mente y descansar de sus conflictos en su casa u oficina son una copa de Bourbon Old Taylor, whisky  originario del Estado de Kentucky, una partida de ajedrez de revista en busca de soluciones alternativas y unas bocanadas a su pipa.

Pronto se destaca de sus compañeros y antecesores y se convierte en ícono  de esta profesión facilmente advertible en la rápida percepción que el público, fans o no de sus historias, tiene de su nombre y como es utilizado referencialmente por otros escritores actuales como modelo ya sea de manera positiva o negativa, tal como lo hace Sara Paretsky entre otros. 

La narrativa en primera persona, la detallada descripción de entornos y personajes, algunos extraños a los que con su voz en off ridiculiza mordazmente, nos retraen a la ciudad de Los Ángeles de los años 40 con un inmejorable anfitrión, Philip Marlowe.

De marlowecity.blogspot.com.ar

- "Philip Marlowe habría nacido probablemente en 1902. Hijo único de otros escritores posterioresmadre soltera, quedó huérfano a temprana edad. A los seis años se cayó del techo del garage de su pueblo natal, Santa Rosa, a unas 50 millas al norte de San Francisco —escenario donde, años después, transcurrirá la película La sombra de una duda (1943) de Alfred Hitchcock. Muertos sus parientes (se supone que vivió con una tía), pasó algunos años en un orfanato, período del que, razonablemente, nunca le gustó hablar demasiado.

Aunque no hemos podido verificar sus registros académicos, se sabe que cursó estudios superiores durante un par de años en Oregon: ¿la University of Oregon (Eugene) o la Oregon State University (Corvalis, Oregon)? Salvo para contar un accidente deportivo (jugaba al rugby) que le destrozó la nariz (reconstruida en el quirófano), tampoco se refirió nunca a sus años de college, aunque es probable que, becado, siguiera algunos cursos de literatura, dados los conocimientos en la materia de los que gustaba hacer gala. En su madurez, al menos, podía conversar con fluidez sobre Flaubert, Anatole France, Shakespeare, T. S. Eliot, Hemingway o Kafka (autor que no le simpatizaba porque sostenía una concepción sobre la ley radicalmente diferente de la suya y, sobre todo, porque consideraba snobs a sus seguidores). Le gustaba contar historias (tenía una memoria prodigiosa y una obsesión por el detalle que muchos de sus contemporáneos hubieran querido para sí). Se conserva una parodia (que él atribuye a otro escritor) de un texto de Francis Scott Fitzgerald, “el más grande escritor borracho” de todos los tiempos. Tampoco hemos podido verificar su expediente militar, pero su edad lo habría eximido de participar en las dos grandes guerras del siglo XX.

Tenía ojos color café y pelo castaño oscuro que, en su madurez, encaneció ligeramente. Medía 1,84 de altura y era corpulento. Hacia finales de marzo o principios de abril de 1939 (cuando tenía 37 años) pesaba cerca de 90 kilos, diez más que su peso promedio, tal vez por el exceso de bebida o por la vida sedentaria: solía practicar algo de gimnasia y de boxeo pero, con los años, cada vez menos. A partir de 1947, cuando cumplió 45 años, comenzó a mentir su edad (más por necesidad profesional que por coquetería). En 1952, por ejemplo, confesaba 42. Entonces pesaba 87 kgs. Dos años después pesaría 84 kgs. Algo lo consumía por dentro.


Los Angeles Confidencial

En 1926, a los 24 años, se trasladó a Los Angeles, ciudad que no abandonaría sino hasta la década del sesenta. Trabajó como investigador de una compañía de seguros y luego, a las órdenes de Taggart Wilde, en la oficina del fiscal de distrito de Los Angeles, de donde fue despedido por insubordinación. En esos años, una de sus pocas amistades (de esas amistades anglosajonas que, como decía Borges, comienzan saltándose la confidencia y terminan obviando la charla) fue el jefe de Homicidios de la oficina del sheriff de Los Angeles, Bernie Ohls, quien intervendría en su favor todavía en la década del cincuenta.

Desde 1938 tuvo una oficina ruinosa en el sexto piso del edificio Cahuenga, en el centro de la ciudad, al lado del cual funcionó durante algún tiempo la cafetería Mansion House. Allí recibía a sus ocasionales clientes: luego de su despido consiguió una licencia de investigador privado pero (a diferencia, por ejemplo, de Sam Spade) siempre se negó a integrar una compañía de seguridad privada de las muchas que proliferaban en Los Angeles en su momento (solía burlarse de su amigo George Peters, quien trabajaba para la Organización Carne, una de cuyos normas internas rezaba: “Los funcionarios de la Organización Carne se visten, hablan y se comportan como caballeros en todo lugar y en todo momento. No hay excepciones a esta regla”).

Nunca aceptó casos de divorcio y, en general, siempre prefirió aquellos que lo pusieran en contacto con el “gran mundo”, debilidad enfermiza que en 1952 lo llevó a la playa de estacionamiento de The Dancers, un exclusivo club californiano donde conoció a Terry Lennox y, a partir de la aventura en la que se vio envuelto, a la que sería su única y tardía esposa.

Aunque no se conserven fotografías de Philip Marlowe (muchos pretendieron hacerse pasar por él), sabemos que sus rasgos no dejaban adivinar a un policía. Según sus propias palabras, la Sra. Grayle le habría dicho a fines de la década del treinta: “Es usted demasiado buen mozo para dedicarse a esa clase de faenas”. Era, en efecto, “buen mozo”, en el estilo de Cary Grant (parecido referido por Raymond Chandler) y muy consciente de su atractivo. En 1952, no sin ironía, le preguntó a un policía: “¿Quiere decir que porque soy alto, moreno y guapo alguien podría contemplarme?”, y hacia 1957 llegó a decir: “Si llego a quedarme un poco más me habría enamorado de mí mismo”.

Ese narcisismo exacerbado probablemente se originó en algún trauma de infancia no resuelto, fue causa de su recalcitrante soltería y oscureció sus relaciones con hombres y mujeres. En 1938 confesó: “Prefiero los gusanos. ¿Sabía Ud. que hay gusanos de ambos sexos y que un gusano puede amar a cualquier otro gusano?” (por cierto, otra forma de decir gusano es verme).

Gustaba de manejar categorías psiquiátricas y psicoanalíticas en su caracterización de las personas, si bien desconfiaba profundamente de los médicos. En última instancia, sólo había personas que le gustaban o que le desagradaban moralmente, pero nunca consiguió sostener una relación que no lo dañara o que no considerara una invasión de su mórbida tendencia a la desdicha.

En 1941 confesó ser “una persona de mentalidad amplia”. Apenas tres años antes (tenía entonces 36 años y pesaba poco más de 85 kilos) se lo oyó decir: “Las mujeres hacían que me sintiese mal”. En 1939, charlando consigo mismo o pensando en voz alta (prácticas, ambas, que cultivaba maniáticamente), dijo: “Es una buena chica (...). A cualquier tipo le conviene una buena chica”. Y se contestó: “Pero a mí no”. A fines de 1952 le contaba a un editor: “Me gustan la bebida, las mujeres, el ajedrez y algunas otras cosas”.

Pese a sus tensiones emocionales y sexuales (o precisamente por eso), las mujeres solían caer a sus pies. Le gustaban con igual intensidad las rubias y pelirrojas (“sinuosas, refulgentes, tenaces y pecadoras”) y los hombres altos y morenos (“no me era difícil comprender que las mujeres perdieran la cabeza por él”, reconoció de un tal Lovery en 1943), pero si hubiera que caracterizar su relación con las mujeres habría que decir que Philip Marlowe, esa máquina célibe, era intensamente misógino (una carcajada femenina bastaba para condenar al infierno a quien la había proferido). Por cierto, fiel a la época que le tocó vivir, fue también profundamente homofóbico.

Un corazón simple

Cuando ya nadie esperaba una claudicación semejante, se casó en 1958 con una rica heredera, Linda Potter, cuya hermana había sido brutalmente asesinada. Pero no estaba hecho para eso y el matrimonio no tuvo final feliz. Aunque las razones, queda dicho, eran un poco más complejas, en 1939 confesó: “Estoy soltero porque no me gustan las esposas de policías”.

Si aceptó casarse pese a sus prejuicios contra el matrimonio fue porque Linda se lo pidió en el peor momento de su vida, cuando estuvo al borde de la locura o el suicidio. Poco antes de dar el sí, había pensado: “Fuera adonde fuera, hiciera lo que hiciera, esto era lo que encontraría al volver: una pared vacía en una habitación vacía de una casa vacía. Dejé la copa en una mesita baja sin siquiera probarla. El alcohol no era la solución. Nada era una solución, excepto un corazón endurecido que no pidiera nada a nadie”.

Tortuoso, solitario, endurecido a fuerza de voluntad, no tenía amigos porque no le gustaba hablar de sí mismo ni de sus problemas. El único hombre que consiguió sostener una relación profundamente afectiva con él estaba también muy al borde y Marlowe terminó apartándose de él en 1952, harto de sus dobleces.


Aunque no llegó a ser un alcohólico (odiaba la debilidad que toda dependencia implica), muchas veces se emborrachó por el abatimiento moral que sentía. Sus episodios de angustia eran recurrentes: a fines de 1938 contaba: “Nadie vino a la oficina. Nadie me llamó por teléfono. Seguía lloviendo”. Por esa época la vida le parecía “bastante insípida”.

En 1947, contaba, “cuando me encontré en el silencio vetusto de la pequeña sala de espera, volví a sentir la sensación familiar de haberme caído al fondo de un pozo seco desde hace veinticinco años, al que jamás se acercará un ser humano”. Si la sensación se refiere a un episodio de infancia o no es imposible saberlo, pero lo cierto es que esa angustia existencial no lo abandonó nunca. “Ya está bien, Marlowe –se decía ese año infausto, al borde de la disolución–. No hay nadie. Nadie tiene ganas de hablar contigo. Colgué. ¿Y ahora a quién vas a llamar? ¿Tienes en alguna parte un amigo a quien le gustaría oír tu voz? No, ni uno. Tiene que sonar el teléfono. Necesito que alguien me llame, para reestablecer el contacto (...). Todo lo que quiero es romper esta atmósfera de planeta muerto.”


Vivió siempre en esa atmósfera, desgarrado, aprisionado en una dialéctica del ser y el parecer, que el existencialismo de moda en su época no hizo sino potenciar en él hasta la angustia: se consideraba un “dulce” pero necesitaba parecer “duro” (“Si no fuese duro, no estaría vivo. Si no pudiera ser dulce, no merecería estarlo”, le dijo a la que sería su esposa). Le gustaba que sus gemidos parecieran gruñidos. Quería transformar su belleza en un signo de virilidad. Podía frecuentar tanto los bajos fondos (a donde lo llevaban sus investigaciones) como la high society (a donde iba guiado por su curiosidad casi antropológica).

Fue, en suma, un individuo de clase media dominado por “la misma esperanza siempre frustrada de una vida fácil”. Pero esa vida fácil, que pudo inclinarlo hacia el delito (como a muchos de aquellos con quienes se cruzaba) o llevarlo a ser un zángano (como a su ocasional amigo Terry Lennox), en el fondo lo repugnaba por su ausencia de moral. "

Influencias

El nombre de Marlowe probablemente derive tanto del poeta isabelino Christopher Marlowe como del narrador de la novela de Joseph Conrad El corazón de las tinieblas, que usaba un deletreo distinto del apellido.[cita requerida] Marlowe ha sido interpretado en la pantalla por Humphrey Bogart, George Montgomery, Robert Mitchum, Elliot Gould, Danny Glover, James Caan y James Garner. En la radio, The Adventures of Philip Marlowe, el personaje era interpretado por Van Heflin en la NBC (del 17 de junio al 9 de septiembre de 1947) y por Gerald Mohr en la CBS (del 26 de septiembre de 1948 al 15 de septiembre de 1951). Powers Boothe hizo el papel de Marlowe en la serie de televisión de la HBO Philip Marlowe, Private Eye, que estuvo en la parrilla de 1984 a 1986.

Pese a todo, Chandler tenía un actor que encarnaba para él a Marlowe, y de ello dejó constancia (Raymond Chandler, Cartas y escritos inéditos, Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 1976):

- "Si alguna vez hubiese tenido la oportunidad de elergir a un actor de cine que representara mejor la imagen que yo tengo de él, creo que tendría que haber sido Cary Grant ..."

Mi  parecer

Como ya expresé anteriormente, Philip Marlowe es un ícono del investigador privado a los que muchos escritores referenciaron al crear sus propios personajes. Si te gusta la novela negra y las labores de los detectives privados no debes obviar a Philip Marlowe. Sus historias nos cuentan crímenes y excesos abordados por un investigador idealista, incorruptible a veces ingenuo y con su vida personal en emergencia constante pero sumamente sagaz y profesional en su trabajo. Sus historias perfectamente narradas por Chandler son más que interesantes y al respecto del estereotipo que muchos critican o lo dejan caer despectivamente, hoy al pretender dar más humanidad y frescura a los nuevos personajes, al final llegan todos a los mismos lugares comunes a la mayoría de los investigadores privados (dije mayoría, no todos) a saber, idealismo,  quijotes ante la injusticia, soledad, sacrificio y riesgos innecesarios salvo para sostener su ego y conciencia a buen resguardo. Por eso Philip Marlowe desde la década de los 30 hasta hoy es el Rey de los detectives privados.

excesos

 

Serie

Otros libros

Raymond Chandler's Philip Marlowe: A Centenary Celebration (1988) (colección de relatos de Marlowe por otros autores, ed. Byron Preiss)

Sinopsis

Finger Man

En el título "Finger Man" tenemos un detective privado que habla y actúa como el Philip Marlowe de Chandler, y en ediciones posteriores incluso se renombra como Marlowe. Este personaje proporciona evidencia sobre un gángster, y luego es contratado por un amigo de dudoso andar con un sistema para hacer saltar la banca de la ruleta del gángster en cuestión. El impacto de esta historia es creado por la economía de palabras de Chandler, un rasgo que no se encuentra a menudo en los pulps, donde a los escritores se les pagaba por ser prolijos, donde mientras más palabras escribían, más ocultaban la terrible Depresión de la década del 30. Aquí hay una línea breve, una breve descripción y, de repente, Chandler crea atmósfera respirable y respira letras y más letras. A medida que lees la historia, tienes una sensación de déjà vu, no es sorprendente, cuando entiendes que los elementos de la historia se incorporaron más tarde en "The Big Sleep", pero es el mejor destino que podría tener esta historia, la más útil.


El sueño eterno

Un chantaje a una mujer por deudas de juego, el marido de la hermana de esa mujer que se fuga con la esposa de un gánster, un asesinato en el que todo parece estar claro pero, en realidad nada lo está… Chandler en estado puro en la novela en la que presentó a su personaje emblemático: El detective Philip Marlowe.
Esta novela inspiró la producción cinematográfica del mismo nombre (1946), protagonizada por Humphrey Bogart y Lauren Bacall, y dirigida por Howard Hawks (Michael Winner hizo un remake en 1978, Detective privado, protagonizado por Robert Mitchum y Sarah Miles).


Adiós muñeca

Considerada por algunos críticos como la mejor novela de Raymond Chandler, la indagación en la corrupción que aborda Adiós muñeca supuso un paso más para el autor en su personal interpretación de las convenciones del género negro. Si en El sueño eterno era un caso de chantaje el que servía de urdimbre para la acción de Philip Marlowe, en Adiós, muñeca será la búsqueda que emprende, tras salir de la cárcel, de su «pequeña Velma» el singular gigante Moose Malloy, la que desencadene un siniestro recorrido que desenmascara los resortes del poder en una ciudad en la que «las leyes se hacen para los que pagan».


La ventana alta

En La ventana alta (1942), la tercera novela de Raymond Chandler, Marlowe demuestra que no existen los casos sencillos y que detrás de una investigación rutinaria suelen esconderse las pasiones humanas más siniestras. Elizabeth Bright Murdock, una adinerada y áspera viuda, contrata a Marlowe para que encuentre su doblón Brasher, una moneda rara y muy valiosa que ha sido robada. Marlowe deberá resolver un rompecabezas cuyas piezas no parecen tener relación, mientras se suceden los asesinatos relacionados con un asesinato que fue silenciado durante muchos años.
«Marlowe es un sir Galahad con ropajes del siglo XX… un hombre capaz de enfrentarse a los peores elementos de un mundo despiadado. Llamémosle religión (o idealismo), pero con unos buenos puños e incluso una pistola como defensa».
Patricia Highsmith.


La dama del lago

El personaje de Philip Marlowe es una de las creaciones más extraordinarias del género policíaco; sólo por ese hallazgo hubiera logrado ya RAYMOND CHANDLER un lugar de primera fila en la novelística contemporánea. La historia de LA DAMA DEL LAGO comienza al descubrir el popular detective el cadáver de una mujer mientras trata de averiguar el paradero de la esposa de un hombre de negocios.


La hermana pequeña

«Era una muchachita menuda, pulcra, de aspecto bastante relamido, con pelo castaño liso y muy repeinado […]. No llevaba maquillaje, ni pintura de labios ni joyas. Las gafas sin montura le daban un aire de bibliotecaria». Tal es Orfamay Quest, la hermana menor que, sorprendentemente, introducirá a Philip Marlowe en uno de los casos más complicados de su carrera. Publicada en 1949, la novela, esperada con expectación desde que seis años antes apareciera «La dama del lago», refleja en parte el glamour y las miserias de Hollywood que Raymond Chandler había tenido ocasión de conocer con motivo de su acceso al mundo del cine en los años anteriores. La acción trepidante en que se ve envuelto el detective está matizada aquí por un Marlowe más crepuscular, con el que Chandler perseveró en su empeño de dar plena dimensión literaria al género negro.


El largo adiós

Philip Marlowe establece amistad con un peculiar personaje, Terry Lennox, al que una madrugada ayuda a salir del país hacia México para descubrir a la mañana siguiente que es sospechoso de asesinar a su esposa y que el propio Marlowe puede ser acusado de complicidad. El suicidio de Lennox en Otatoclán y su carta de confesión, sumados a la influencia del padre de la asesinada, el millonario Harlan Potter (interesado en echar tierra sobre el escándalo), cierran el caso.
A pesar de las presiones adversas de un gángster amigo del difunto, el detective sigue indagando. Dicha investigación se verá mezclada con otro caso para el que Marlowe es contratado: la localización de un escritor desaparecido, Roger Wade, al que andan buscando tanto su mujer Eileen como su editor, Howard Spencer. Cuanto más indague, mayores serán las sombras que encuentre en el pasado de su amigo, Terry Lennox, del que descubre lo poco que en realidad conocía.


Playback

Publicada en 1958, Playback constituye la última aparición en escena del imprescindible Philip Marlowe. Contratado a través de un abogado para seguir a una chica absuelta del cargo de asesinato de su marido alcohólico, el detective se ve envuelto en una trama de chantajes y crímenes frente a la cual reacciona obedeciendo a sus intransferibles convicciones morales. Novela de madurez, llena de vitalidad y humor, en ella Raymond Chandler traza, no obstante, el dibujo de un Marlowe más distendido y ya de vuelta, que asiste al teatro de las pasiones humanas con un espíritu más ligero, en el que el pesar y la acritud dejan espacio al distanciamiento irónico y a la indulgencia.


La historia de Poodle Springs

Marlowe ha caído en una de las más extrañas situaciones de su vida: el matrimonio. El solitario detective se ha casado con una rica heredera y radicado en la elegante Poodle Springs. Pero el lujo no consigue hacer mella en el cinismo de Marlowe ni en su vocación de buscar problemas. En pocas horas tiene roces con la policía y es contratado para cobrar una deuda de juego. Pronto descubre el lado oscuro de Poodle Springs, donde la codicia, la lujuria y la desesperación llevan a hombres y mujeres a vivir vidas secretas, e incluso, al asesinato.
Cuando Raymond Chandler murió en 1959 dejó escritos varios capítulos de un thriller protagonizado por su legendario personaje Philip Marlowe. Treinta años después, el libro de Chandler apareció gracias a la colaboración de uno de los grandes escritores policiales actuales, Robert B. Parker, genuino intérprete de la mejor tradición del autor.


The Pencil


Marlowe es contratado por Ikky Rothstein, un mafioso de bajo rango que ha sido señalado para ser ejecutado y busca escapar. Al contar con la ayuda de su amiga Anne Riordan, Marlowe logra mantener a dos sicarios fuera del camino de Ikky, pero luego encuentra a otro hombre identificado como Rothstein y él mismo termina siendo otrop blanco de la cacería.

 

Perchance to Dream


La familia Sternwood, inmortalizada en "The Big Sleep", vuelve a tener problemas ... La hermana psicótica de Vivian, Carmen, desapareció del sanatorio y la propia Vivian cayó de nuevo en las garras de Eddie Mars, el sombrío personaje del mundo del hampa. Entra Philip Marlowe, el Investigador Privado duro e implacable pero tierno y original. Salvó a los Sternwood una vez, y el mayordomo cree que puede hacerlo de nuevo.

 
 
 
 
 
 
Bourbon Philip Malowe
 

Libros disponibles de este personaje

El sueño eterno | Raymond Chandler | Un mundo de novela
Adios muñeca | Raymond Chandler | Un mundo de novela
La ventana alta | Raymond Chandler | Un mundo de novela
La dama del lago | Raymod Chandler
  • Grey Facebook Icon
  • Grey Twitter Icon