Sargento Lloyd Hopkins

El sargento Lloyd Hopkins es alto, 1,95 de estatura, de complexión atlética descendiente de irlandeses y oriundo de uno de los barrios pobres de Los Ángeles, Silverlake. Permanece unido a él sólo  por la vieja casa paterna, su madre anciana y totalmente muda e inválida desde hace 8 años y su hermano Tom al que desprecia profundamente.

 

Lloyd Hopkins es un hombre trastornado y aún más se trastorna cuando la música y los ruidos estridentes le corren el velo sobre sus traumas que desea ocultar. Sus temblores, sudoración y vahídos ante la tensión son manifestaciones de su psicosis, obsesiones con evidentes ataques de pánico. En un mundo que se le representa dividido entre «los que aún poseen inocencia y aquellos que la han perdido» decide su formación como policía y tempranamente perteneciendo a la guardia nacional, mata a un sargento racista en los disturbios en Watts, año 1965; tenía entonces 23 años y fue su bautismo de fuego. Sus profundos desequilibrios quedan cubiertos tras la superioridad intelectual ante sus pares y superiores. Es un fenómeno, brillante por sus deducciones y conocimientos, memoria prodigiosa y diferentes habilidades. En su legajo dice “graduado summa cum laude por la Univer­sidad de Stanford, graduado en la Escuela de Infantería de Fort Polk y en la Escuela de Lectura Rápida Evelyn Wood, entre otros méritos. Deslumbra a hombres y mujeres, dentro y fuera de la policía. Es seductor y atractivo y su figura no pasa desaparcibida. Se auto proclama el mejor policía y también como hombre feliz basando su existencia en tres pilares: Su familia, Janice y sus hijas, su trabajo y el placer que halla en sus aventuras extramatrimoniales, así él mismo lo justifica ...

                                   « Por el camino, evocaba los recuerdos de una década y media y la realización de sus sueños más importan­tes: su trabajo, su esposa y sus tres maravillosas hijas. (...) Tenía cuarenta años y no veintitrés. Si había aprendido algo en sus diecisiete años de policía era que las propias esperanzas disminuían cuando uno se daba cuenta de lo absolutamente jodida que estaba la gran masa de la humanidad, y que uno tenía que armarse de cientos de dis­cursos aparentemente contradictorios para mantener vivos los sue­ños más importantes.

Que estos discursos fueran siempre mujeres, y una violación directa de los votos de su matrimonio presbisteriano, constituía la ironía fundamental, pensó, mientras se paraba en el semáforo de Sunset y Echo Park y subía la ventanilla para no oír el ruido de la calle. Una ironía que la firme y fiel Janice nunca sería capaz de comprender. Con la sensación de que sus pensamientos se esta­ban precipitando, embistió hacia adelante, y con voz ansiosa, para sí mismo, dijo: «No funcionaría entre nosotros, Janice, si no pu­diera descargarme de este modo. Se irían acumulando pequeñeces y yo explotaría. Y tú me odiarías, y las niñas también. Es por esto que lo hago. Es por esto que… »; Lloyd no fue capaz de pronunciar un «te engaño» (...)  Puesto que « Janice, metro setenta y cinco de estatura descalza, delgada, pero de constitución robusta de cadera, estaba hecha para engendrar hijos excepcionales. Hijas. Tenían que ser hijas, nacidas para ser nutridas por el amor de su credo irlandés protestante…»

Lloyd ama a su mujer y a sus hijas así como ama la libertad de engañarles. Ama la dualidad de su vida y a cada uno de los personajes que asume en la vida real así como en sus rutinarias pesadillas.

Luego demostraría parte de ese amor a sus hijas relatándoles cuentos relacionados con su vida policíaca, incluso a altas horas de la noche generando airados reclamos por parte de su esposa Janice sobre el supuesto daño psicológico que les podría provocar a la vez que encubren celos por la falta de atención de Lloyd hacia ella que a veces pacientemente le espera con una vela perfumada encendida en el dormitorio, mensaje que Lloyd ya conoce.

 

Este singular y contradictorio hombre va adelante en su vida y su carrera gracias a su mentor dentro del cuerpo de policía de Los Ángeles, Capitán Dutch «El Holandés» Peltz, comandante de la guardia diurna. Un gran policía, ya mayor que le ha tomado verdadero aprecio a Lloyd y le acompaña y encubre cuando sus investigaciones rompen protocolos, jerarquías, territorios y el sentido común en aras del único sentido al que obedece Lloyds: el suyo propio, animal, trepidante por el vértigo y la adrenalina.

Lloyd es un psicópata al que sus traumas y tormentos le encierran en el cristal de sostener y defender la inocencia, la pureza aún cuando es un lascivo total. Tiene para sí un modo objetivo de controlar su sistema de valores… No asesina por que alguien es inocente y debe evitar que ese ser puro  caiga en el pecado… asesina a aquellos que precisamente hacen eso mismo.

 

Mi parecer

 

Transitar por la mente de James Ellroy a través de sus personajes es adentrarse en una infernal galería de atrocidades con narrativas en primera, segunda y tercera persona. Tanto el criminal como el policía desgranan sus pensamientos como si lo hicieran en alta voz justificándose ambos por lo ya hecho y por lo que están dispuesto a hacer. Indudablemente estamos ante un Personaje formidable y del agrado de muchísimos lectores. No le escabullo a la trama que no es más psicópata o truculenta que cualquiera de John Katzenbach, es la visualización lograda por Ellroy sobre el sadismo humano y surgente de él mismo que ha vivido en los infiernos de la ciudad de Los Ángeles... así también, al igual de Lloyd nos cuenta su propios cuentos... La trilogí enlaza pasado y presente de Hopkins presentando en su conjunto la sólida historia de esta leyenda dentro del cuerpo pòlicial de Los Ángeles. Para entender, criticar, odiar o amar a Hopkins es necesario completar la lectura de la trilogía. Indudablemente Lloyd Hopkins se halla entre los grandes personajes de novela negra.

 

Serie

  • 1  Sangre en la luna (Blood on the moon, 1983)

  • 2  A causa de la noche (Because the night, 1984)

  • 3  La colina de los suicidios (Suicide Hill, 1986)

Sinopsis

Sangre en la luna

Un asesino en serie, metódico y concienzudo, comete varios crímenes sin que nadie sospeche su autoría. Sin embargo, la vida del asesino y la del sargento Hopkins tiene parecidos soprendentes. Ambos están obsesionados por las mujeres y las armas, aunque cada uno a su manera. Ambos, también, fueron violados de niños. Son dos 'iluminados' con una misión que cumplir.

 

A causa de la noche

 

A causa de la noche es la segunda novela de la trilogía del sargento Hopkins, iniciada con Sangre en la luna. En esta ocasión los personajes de una temible organización criminal son eliminados uno a uno por un cuerpo de policía en el que no todos, ni mucho menos, tienen las manos limpias. Hopkins termina sus aventuras con el amargo sabor de boca que produce la mirada despiadada de James Ellroy, que vuelve a transportarnos con maestría a los bajos fondos de su ciudad, Los Ángeles.

 

La colina de los suicidios

 

Los miembros de una temible banda de atracadores van perdiendo poco a poco los estribos, mientras el sargento Lloyd Hopkins, al mando del grupo de agentes que persigue a los ladrones, descubre que el cuerpo de policía que tanto conoce y tanto respeta no es ni mucho menos lo que parece… Un viaje a un submundo dominado por la violencia y la corrupción, donde los sentimientos sólo ocupan el lugar de cínicas excusas para el lucro personal.

 
Google maps de las historias del sargento Lloyd Hopkins
 
 
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Libros disponibles de este personaje

 
Sangre en la luna | Trilogía Hopkins | Un mundo de novela
A causa de la noche | Trilogía Hopkins | Un mundo de novela
La colina de los suicidas  | Trilogía Hopkins | Un mundo de novela
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